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"¿Cómo voy a descubrir qué es el amor si no se me
permite pensar?", preguntó el segundo un poco bruscamente.
Por favor, tened un poco más de paciencia. Habéis
pensado sobre el amor ¿no es así?
"Si, mi amigo y yo hemos pensado mucho sobre ello."
Si puedo preguntarlo, ¿qué queréis significar al
decir que habéis pensado sobre el amor?
"Que he leído sobre él, lo he discutido con mis
amigos he sacado mis propias conclusiones."
¿Os ha ayudado eso a descubrir lo qué es el amor?
¿Habéis leído, habéis intercambiado opiniones, y habéis llegado a
ciertas conclusiones sobre el amor, a todo lo cual se le llama
pensar. Habéis descripto positiva o negativamente qué es el amor, a
veces añadiendo y a veces quitando a lo que anteriormente habéis
aprendido. ¿No es así?
"Sí, eso es exactamente lo que hemos estado haciendo,
y nuestro pensar ha contribuido a clarificar nuestras mentes".'
¿Ha contribuido? ¿O es que os habéis atrincherado
cada vez más en una opinión? Seguramente que lo que llamáis
aclaración es el proceso de llegar a una definida conclusión verbal
o. intelectual.
"Eso es; no estamos tan confusos como estábamos".
En otras palabras: algunas pocas ideas resaltan
claramente en esta mezcla de enseñanzas y opiniones contradictorias
sobre el amor, ¿no es eso?
"Sí; cuanto más hemos analizado toda esta cuestión de
lo que es el amor, tanto más clara se ha vuelto."
¿Es el amor lo que se ha aclarado o lo que pensáis
sobre él?
¿Vamos a indagar un poco más esto? Cierto ingenioso
mecanismo se llama reloj, porque todos hemos convenido en utilizar
esta palabra para indicar esa cosa determinada; pero la palabra
'reloj' no es evidentemente el mecanismo del mismo. De la misma
manera, hay un sentimiento o un estado que todos hemos convenido en
llamar amor; pero la palabra no es el sentimiento mismo, ¿verdad? Y
la palabra amor significa muchísimas cosas diferentes. En cierto
momento la utilizáis para describir un sentimiento sexual, en otro
instante habláis de amor divino o impersonal, o bien afirmáis lo que
debería o no debería ser el amor. Y así sucesivamente.
"Si se me permite interrumpir, señor ¿podría ser que
todos estos sentimientos fueran simplemente formas variantes de la
misma cosa?", preguntó el primero.
¿Que os parece a vos?
"No estoy seguro. Hay momentos en que el amor parece
ser una cosa, pero en otros instantes parece algo muy distinto. Todo
eso es muy confuso, no sabe uno a qué atenerse".
Ahí está, precisamente. Queremos estar seguros del
amor, clavarlo para que no se nos escape; llegamos a conclusiones,
nos ponemos de acuerdo sobre ellas; lo llamamos por diversos
nombres, con sus significados especiales; hablamos sobre "'mi amor",
lo mismo que hablamos sobre 'mi propiedad', 'mi familia», "mi
virtud', y esperamos guardarlo bien seguro, para poder atender a
otras cosas y asegurarnos también de ellas. Pero de alguna manera
siempre se nos escapan cuando menos lo esperamos.
"No sigo bien todo esto"; dijo el segundo, bastante
perplejo.
Como hemos visto, el sentimiento mismo es diferente
de lo que los libros dicen sobre él; el sentimiento no es la
descripción, no es la palabra. Hasta aquí está claro ¿verdad?
"Si"'.
Ahora bien, ¿podéis separar el sentimiento de la
palabra y de vuestros preconceptos sobre lo que debería y no debería
ser?
"¿Qué queréis decir con 'separar'?", pregunto' el
primero.
Existe el sentimiento, y la palabra o palabras que
describen ese sentimiento, ya sea en forma aprobatoria o
desaprobatoria. ¿Podéis separar el sentimiento de su descripción
verbal? Es relativamente fácil separar una cosa objetiva, como este
reloj, de la palabra que lo describe; pero, disociar el sentimiento
mismo de la palabra "amor", con todas sus implicaciones, es mucho
más arduo y requiere mucha atención.
"¿Para qué servirá eso", preguntó el segundo.
Siempre queremos conseguir un resultado a cambio de
hacer algo. Este deseo de un resultado, que es otra forma de la
busca de conclusión, impide comprender. Cuando preguntáis "¿para qué
me servirá disociar el sentimiento de la palabra 'amor'?" estáis
pensando en un resultado; por lo tanto, no estáis realmente
inquiriendo para descubrir qué es ese sentimiento, ¿verdad?
"Quiero, si, descubrir, pero quiero también saber
cuál es el resultado de disociar el sentimiento de la palabra. ¿No
es esto perfectamente natural?"
Tal vez; pero si queréis comprender, tenéis que
prestar atención, y no hay atención cuando una parte de vuestra
mente interesa en resultados, y la otra en comprender. De este modo
no conseguís ni una cosa ni la otra, y así os volvéis cada vez más
confuso, amargado y desdichado. Si no disociamos la palabra -que es
recuerdo y todas sus reacciones, del sentimiento, entonces la
palabra o la memoria, es la ceniza sin el fuego. ¿No es esto lo que
os ha pasado a los dos? Os habéis enmarañado en la red de las
palabras, de las especulaciones, que se pierde el sentimiento mismo,
lo único que tiene honda y vital importancia.
"Empiezo a ver lo que queréis decir" -dijo despacio
el primero. "No somos sencillos; no descubrimos nada por nosotros
mismos, sino que simplemente repetirnos lo que se nos ha dicho. Aun
cuando nos rebelemos, formamos nuevas conclusiones, que de nuevo
tienen que romperse. Realmente no sabemos qué es el amor, sino que
meramente tenemos opiniones sobre él ¿Es eso?".
¿No lo creéis así vos mismo? Por cierto, para conocer
el amor, la verdad, Dios, no tiene que haber opiniones, ni
creencias, ni especulaciones, con respecto a ello. Si tenéis una
opinión sobre un hecho, la opinión se vuelve lo importante, no el
hecho. Si queréis conocer la verdad o la falsedad del hecho,
entonces no debéis vivir en la palabra, en el intelecto. Podéis
tener muchos conocimientos, información, sobre el hecho, pero el
hecho mismo es enteramente distinto. Dejad de lado el libro, la
descripción, la tradición, la autoridad, y emprended el viaje del
autodescubrimiento. Amad, y no os enredéis en opiniones e ideas
acerca de qué es el amor o qué debería ser. Cuando améis, todo
saldrá bien. El amor tiene su propia acción. Amad, y conoceréis sus
bendiciones. Manteneos apartados de la autoridad que os dice qué es
y qué no es el amor. Ninguna autoridad lo sabe; y el que lo sabe no
puede decirlo. Amad, y habrá comprensión. |