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Pienso
que es una cosa muy rara que, después de dejar la escuela,
encontremos la felicidad en la etapa posterior de nuestra vida.
Cuando ustedes se vayan de aquí, estarán enfrentándose a problemas
extraordinarios: el problema de la guerra, los problemas de la
relación personal, los problemas como ciudadanos, el problema de la
religión y el constante conflicto dentro de la sociedad; y me parece
que sería una falsa educación la que no nos preparara para afrontar
estos problemas y así poder dar origen a un mundo genuino y más
feliz. Ciertamente, corresponde a la educación, especialmente en
una escuela donde tienen la oportunidad de la expresión creativa,
ayudar a los estudiantes a que no queden atrapados en esas
influencias sociales y ambientales que estrecharán sus mentes y, por
ende, limitarán su perspectiva de la vida y su posibilidad de ser
felices; y me parece que aquellos que están a punto de ingresar en
el colegio, deberían conocer por sí mismos los múltiples problemas
que todos afrontamos. Es muy importante, sobre todo en el mundo al
que van a enfrentarse, tener una inteligencia extraordinariamente
clara, y esa inteligencia no puede tener su origen en ninguna
influencia externa ni en los libros. Llega, pienso, cuando uno se
da cuenta de estos problemas y puede encararlos, no en un sentido
personal o limitado, no como americano o hindú o comunista, sino
como un ser humano capaz de sostener la responsabilidad de percibir
el verdadero valor de las cosas tal como son y no interpretarlas
conforme a alguna ideología particular o a algún determinado patrón
de pensamiento.
¿No
es importante que la educación nos prepare a cada uno de nosotros
para comprender y encarar nuestros problemas humanos, y no que nos
provea meramente de conocimientos o de adiestramiento tecnológico?
Porque ya ven, la vida no es nada fácil. Ustedes pueden haber
disfrutado de un período feliz, un período creativo, un período en
el cual han madurado; pero cuando dejen la escuela, las cosas
empezarán a ocurrir y a cercarles, estarán limitados no sólo por las
relaciones personales sino por las influencias sociales, por sus
propios temores y por la inevitable ambición de triunfar.
Pienso que ser ambicioso es una calamidad. La ambición es una forma
de interés propio, de encierro en uno mismo; por lo tanto, engendra
mediocridad de la mente. Vivir en un mundo lleno de ambición sin
ser ambicioso significa, realmente, amar algo por sí mismo sin
buscar recompensa, un resultado; y eso es muy difícil, porque todo
el mundo, todos nuestros amigos, nuestras relaciones, todos están
luchando para triunfar, para realizarse personalmente, para ser
alguien. Pero comprender todo esto, libramos de ello y hacer algo
que realmente amamos -no importa qué, por modesto o poco reconocido
que sea-, eso, pienso, despierta el espíritu de grandeza que nunca
busca aprobación ni recompensa, que hace las cosas por amor a ellas
mismas y que, por lo tanto, tiene la fuerza y la capacidad de no
quedar atrapado en la influencia de la mediocridad.
Pienso que es muy importante que vean eso mientras son jóvenes,
porque las revistas, los periódicos, la televisión y la radio
acentúan constantemente el culto al éxito, y con eso alientan la
ambición y la competencia que engendran mediocridad de la mente.
Cuando ustedes son ambiciosos, están ajustándose meramente a un
patrón particular de la sociedad, sea en América, en Rusia o en la
India; por lo tanto, están viviendo en un nivel muy superficial.
Cuando dejen la escuela e ingresen en el colegio, y más tarde se
enfrenten al mundo, me parece que lo importante es que no se rindan,
que no inclinen sus cabezas ante las distintas influencias, sino que
las afronten y las comprendan tal como son y vean cuál es la
verdadera significación y el valor que tienen; y que hagan todo esto
con espíritu bondadoso y gran fuerza interior, lo cual no creará más
discordia en el mundo.
Pienso, pues, que una verdadera escuela debe traer una bendición al
mundo merced a sus estudiantes. Porque el mundo necesita una
bendición, se encuentra en un estado terrible; y la bendición podrá
venir sólo cuando nosotros, como individuos, no estemos buscando el
poder, no estemos tratando de satisfacer nuestras ambiciones
personales, sino que tengamos una clara comprensión de los inmensos
problemas con los que todos estamos enfrentados. Esto requiere una
gran inteligencia, la cual implica, en realidad, una mente que no
piensa de acuerdo con ningún patrón particular, sino que es libre en
sí misma y, por lo tanto, tiene la capacidad de ver lo que es
verdadero y dejar de lado lo que es falso. |