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La fuerza
vital del Sol que nos rodea como un fluido incoloro es absorbida por el
cuerpo vital por medio de la contraparte etérica del bazo, donde sufre
una curiosa transformación de color. Se hace pálido-rosada y circula por
los nervios a través del cuerpo denso. Es, respecto a los nervios, lo
que la electricidad es al telégrafo. Aunque haya alambres, aparatos y
telegrafistas, si falta la electricidad no pueden enviarse los mensajes.
El Ego, el cerebro y el sistema nervioso pueden estar en perfecto orden;
pero si falta la fuerza vital que pueda llevar los mensajes del Ego a
través de los nervios y de los músculos, el cuerpo denso permanecerá
inerte. Esto es, precisamente, lo que sucede cuando una parte del cuerpo
se paraliza. El cuerpo vital se ha enfermado y la fuerza vital ya no
puede fluir.
En tales
casos, como la mayoría de las enfermedades, la perturbación es de los
vehículos invisibles y sutiles. El reconocimiento consciente o
inconsciente de este hecho hace que los médicos más afamados empleen la
sugestión -que obra sobre los vehículos superiores - como un auxiliar de
la medicina. Cuanta más fe y esperanza pueda imbuir el médico a su
paciente, tanto más pronto se desvanecerá la enfermedad dando lugar a
una salud perfecta.
Durante
la salud, el cuerpo vital especializa una superabundancia de fuerza
vital, la que, después de pasar por el cuerpo denso, irradia en líneas
rectas en todas direcciones, desde la periferia de aquel, como los
radios de un círculo irradian desde el centro; pero en casos de
enfermedad, cuando el cuerpo vital se atenúa, no puede absorber la misma
suma de fuerza y, además, el cuerpo denso la necesita. Entonces las
líneas de fluido vital que se exteriorizaban antes, se curvan y caen,
mostrando la falta de fuerza o debilidad que se ha producido. En estado
de salud estas irradiaciones se llevan los gérmenes y microbios enemigos
de la sanidad del cuerpo denso; pero en la enfermedad, cuando la fuerza
vital es débil, esas emanaciones no eliminan tan fácilmente los gérmenes
nocivos.
Por lo
tanto, el peligro de contraer una enfermedad es mucho mayor cuando las
fuerzas vitales son escasas, que cuando se está en robusta salud.
En los
casos en que se amputa parte del cuerpo, el éter planetario es el único
que acompaña a la parte separada. El cuerpo vital separado y el cuerpo
denso se desintegran sincrónicamente después de la muerte. Y así sucede
con la contraparte etérica del miembro o parte amputada. Se irá
desintegrando conforme lo haga la parte densa, y puede probarse que el
hombre conserva la parte etérica, porque si se trata de una mano
amputada, puede sentirse dolor y sufrimiento en ella durante algún
tiempo. Existe cierta relación entre el miembro amputado y la parte
etérica, independiente de la distancia. Se sabe de un caso en que un
hombre sintió un fuerte dolor, como si se le hubiera clavado un clavo en
la pierna que le habían amputado, dolor que persistió hasta que dicho
miembro fue exhumado y se encontró que, efectivamente, se había clavado
en el un clavo cuando lo encajonaron para enterrarlo. Sacóse el clavo y
el dolor cesó. De acuerdo con esto están todos los casos en los que hay
personas que sufren en el miembro amputado durante dos o tres años
después de la operación. Después el dolor cesa. Esto es debido a que la
enfermedad es aún efectiva en la parte etérica no amputada; pero en
cuanto la parte densa amputada se desintegra, se desintegra también la
etérea y el dolor cesa. |