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Actualmente, la materia de las regiones superiores e inferiores
entra en la composición del cuerpo de deseos de la mayoría de la
humanidad. Ningún hombre es tan malo que no tenga algún rasgo bueno,
y este rasgo se expresa en la materia de las regiones superiores que
se encuentra en su cuerpo de deseos. Por otro lado, son muy pocos
los que son tan buenos que no empleen alguna materia de las regiones
inferiores.
De la
misma manera que los cuerpos vitales y de deseos planetarios
interpenetran la materia densa de la Tierra, como vimos en la
ilustración de la esponja , arena y agua, así también los cuerpos
vital y de deseos interpenetran el cuerpo denso de la planta, del
animal y del hombre. Pero durante la vida del hombre, su cuerpo de
deseos no tiene la misma forma que su cuerpos denso y vital. Después
de la muerte es cuando asume esa forma, mientras que durante la vida
tiene la apariencia de un ovoide luminoso que en las horas de
vigilia rodea completamente al cuerpo denso como la clara envuelve a
la yema. Se extiende de doce a dieciséis pulgadas más allá del
cuerpo denso. En ese cuerpo de deseos existe cierto número de
centros sensoriales; pero en la gran mayoría de los hombres solo
están latentes. El despertar de estos centros de percepción
correspondería al despertar de los ojos del ciego de nuestro ejemplo
anterior.
La
materia del cuerpo de deseos humanos está en un movimiento
incesante de increíble rapidez. Ningún átomo de ella permanece en
reposo ni por un solo instante. La materia que se encuentra sobre la
cabeza en determinado momento puede encontrarse a los pies en el
instante siguiente, y volver de nuevo a ocupar su sitio primitivo.
No existe órgano alguno en el cuerpo de deseos como en los cuerpos
vital o físico; pero hay centros de percepción que, cuando están en
actividad, parecen vórtices, permaneciendo siempre en la misma
posición con relación al cuerpo denso, encontrándose la mayoría de
ellos alrededor de la cabeza. En la generalidad de la raza humana
esos centros son simples remolinos y no tienen utilidad alguna como
centros de percepción. Pueden ser despertados en todos, sin embargo,
pero hay que tener en cuenta que según los métodos son los
resultados que se consiguen.
En el
clarividente involuntario, desarrollado en sentido negativo e
inapropiado, estos vórtices giran de derecha a izquierda, o sea en
dirección opuesta a las manecillas de un reloj. En el cuerpo de
deseos de un clarividente voluntario, debidamente desarrollado,
giran en la misma dirección que las manecillas de un reloj,
fulgurando esplendorosamente y sobrepasando en mucho a la brillante
luminosidad del cuerpo de deseos ordinario.
Estos
centros son los medios de percepción en el Mundo del Deseo, pudiendo
aquel ver e investigar a voluntad por su intermedio, mientras que en
la persona cuyos centros giran de derecha a izquierda son como
espejos que reflejan lo que pasa ante ella. Tal persona es incapaz
de obtener conocimientos reales. La razón de esto se indicará más
adelante; pero lo mencionado es una de las diferencias fundamentales
entre un médium y un clarividente desarrollado convenientemente.
Para la mayoría resulta casi imposible distinguir entre ambos; pero
existe una regla de oro que todo el mundo puede seguir con toda
confianza: ningún vidente genuinamente desarrollado empleará su
facultad por dinero o su equivalente, ni la empleará tampoco para
satisfacer la curiosidad, sino únicamente para ayudar a la
humanidad.
Nadie
capaz de enseñar el método apropiado para el desarrollo de esa
facultad cobrará jamás por ello, ni siquiera por una sola lección.
Los que piden dinero por ejercitarla o por dar lecciones como
hacerlo no tienen nada que valga la pena pagar. La regla mencionada
es una guía segurísima que puede ser seguida por todos con absoluta
confianza.
En un
futuro bastante lejano, el cuerpo de deseos del hombre se organizará
definitivamente como lo están al presente los cuerpos vital y denso.
Cuando hayamos llegado a ese estado, tendremos el poder de funcionar
en el cuerpo de deseos tal como lo hacemos ahora en el cuerpo denso,
que es el más antiguo y más organizado de los cuerpos del hombre,
siendo el de deseos el más joven, por así decirlo. |