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Sabemos que
en el agua existe aire; si pensamos en el aire contenido en aquella agua
como representando el Mundo del Pensamiento, podemos obtener una imagen
mental de cómo el Mundo del Pensamiento, siendo más sutil y fino que los
otros dos, interpenetra a estos. Finalmente, imaginemos que el vaso que
contiene la esponja, la arena y el agua se coloca en el centro de otro
vaso esférico mayor; entonces, el aire comprendido entre ambos vasos
representará la parte del Mundo del Pensamiento que se extiende más allá
del Mundo del Deseo.
Cada uno
de los planetas de nuestro sistema solar tiene tres Mundos que se
interpenetran; y si nos imaginamos cada uno de esos planetas compuesto
por tres mundos como esponjas individuales, el cuarto mundo, el Mundo
del Espíritu de Vida, como el agua en un vaso grande donde esas tres
esponjas triples separadas nadan, comprenderemos que así como el agua
del vaso llena el espacio comprendido entre las esponjas y las
compenetra, así también el Mundo del Espíritu de Vida compenetra los
espacios interplanetarios de los planetas individuales. Forma un límite
o lazo común entre ellos, y de la misma manera que es necesario para ir
de América a África el tener un barco y poder gobernarlo, también es
necesario tener un vehículo correlativo al Mundo del Espíritu de Vida,
bajo nuestro dominio consciente, para poder viajar de un planeta a otro.
De
parecida manera a la que nos relaciona el Mundo del Espíritu de Vida con
los otros planetas de nuestro sistema solar, el Mundo del Espíritu
Divino nos correlaciona con los otros sistemas solares. Podemos
considerar los sistemas solares como esponjas separadas, sumergidas en
el Mundo del Espíritu Divino, y entonces comprenderemos que para viajar
de un sistema solar a otro es necesario poder actuar conscientemente en
el vehículo más elevado del hombre, el Espíritu Divino. |