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En
esa forma construye y siembra el hombre hasta el momento en que la
muerte llega. Entonces, la hora de la siembra y los períodos de
crecimiento y madurez han pasado.
Cuando viene el
espectro esquelético de la Muerte ha llegado el tiempo de la
recolección. La forma de la Muerte con su guadaña y su reloj de
arena es un buen símbolo. El esqueleto simboliza la parte
relativamente permanente del cuerpo. La guadaña representa el hecho
de que esa parte permanente que está a punto de ser recolectada por
el espíritu es el fruto de la vida que ahora termina. El reloj de
arena en su mano indica que la hora no sonará hasta que todo el
curso haya pasado en armonía con leyes invariables. Cuando llega ese
momento, los vehículos se separan. Como su vida en el Mundo Físico
ha terminado por ahora, ya no es necesario para el hombre el retener
su cuerpo denso. El cuerpo vital, que como ya explicamos, pertenece
al Mundo Físico, se retira por la cabeza, dejando al cuerpo denso
inanimado.
Los vehículos
superiores -- vital, de deseos y mental -- pueden verse abandonando
al cuerpo denso con un movimiento de espiral, llevando consigo el
alma de un átomo denso. No el átomo en sí mismo, sino las fuerzas
que obraban a través de él. El resultado de las experiencias pasadas
en el cuerpo denso durante la vida que acaba de terminar se ha
impreso sobre ese átomo especial. Mientras que todos los demás
átomos del cuerpo denso se han ido renovando de vez en cuando, este
átomo permanente ha subsistido. Y a permanecido estable, no
solamente a través de una sola vida, sino que ha formado parte de
todos los cuerpos densos empleados por un Ego particular. A la
muerte, dicho átomo es retirado únicamente para despertar de nuevo
en la aurora de otra vida física, sirviendo así como núcleo en torno
del cual se construirá el nuevo cuerpo denso para ser empleado por
el mismo Ego. Por lo tanto, se le llama, el "átomo simiente".
Durante la vida, "el átomo simiente" está situado en el ventrículo
izquierdo del corazón, cerca del ápice. Al ocurrir la muerte, dicho
átomo simiente sube al cerebro por medio del nervio pneumogástrico
abandonando el cuerpo denso, junto con los vehículos superiores, por
medio de la comisura de los huesos parietal y occipital.
Cuando los vehículos
superiores han dejado el cuerpo denso, permanecen todavía conectados
con él por medio de una serie de cordón o hilo, vibrante, plateado,
muy parecido a dos números 6 unidos y puestos al revés, el uno en
posición vertical y el otro horizontal, conectado ambos por las
extremidades de sus horquillas. (Véase el diagrama 5A.) Un extremo
está unido al corazón por medio del átomo- simiente y la rotura de
aquél produce la paralización del corazón. El cordón no se rompe
hasta que el panorama de la pasada vida, contenido en el cuerpo
vital, ha sido contemplado. |