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Debe
tenerse mucho cuidado, sin embargo, de no quemar o embalsamar el
cuerpo hasta que hayan pasado tres días, por lo menos, después de la
muerte; porque mientras el cuerpo vital está con los vehículos
superiores, y éstos permanezcan unidos aún al cuerpo denso por medio
del cordón plateado, cualquier examen post-mortem o herida que se
haga al cuerpo denso será sentida, en cierto grado, por el hombre.
La cremación debe
ser abolida especialmente en los tres primeros días después de la
muerte, porque tiende a desintegrar el cuerpo vital, cuerpo que debe
permanecer intacto hasta que el panorama de la vida que acaba de
terminar se haya impreso en el cuerpo de deseos.
El cordón plateado
se rompe en el punto donde los 6 se unen, permaneciendo la mitad con
el cuerpo denso y la otra mitad con los vehículos superiores. En
cuanto se rompe ese cordón, el cuerpo denso está completamente
muerto.
A principios de 1906
el doctor Mac Dougall hizo una serie de experimentos en el Hospital
General de Massachusetts, para determinar si era posible, si algo
invisible de ordinario dejaba el cuerpo al morir. Con este propósito
construyó una balanza capaz de registrar hasta un décimo de onza.
La persona
agonizante, metida en su lecho, fue colocada en uno de los platillos
de la balanza, la que fue equilibrada colocando pesas en el platillo
opuesto. En todos los casos se notó que en el preciso momento en que
la persona agonizante exhalaba su último aliento, el platillo que
contenía las pesas descendía súbitamente, elevándose, por
consiguiente, el lecho con el cuerpo situado en el otro platillo,
mostrando así que algo invisible, pero ponderable y pesado, había
dejado el cuerpo. En seguida los diarios anunciaron a todo viento
que el doctor Mac Dougall había "pesado el alma".
El ocultismo acoge
alegremente los descubrimientos de la ciencia moderna, porque
invariablemente corrobora lo que aquel había ya promulgado mucho
tiempo antes. Los experimentos del doctor Mac Dougall mostraron
concluyentemente que invisible a la vista ordinaria abandonaba el
cuerpo al morir, como lo ven los clarividentes desarrollados y como
se ha indicado en conferencias y obras literarias muchos años antes
del descubrimiento del doctor Mac Dougall.
Pero ese "algo"
invisible no es el alma. Hay una gran diferencia. Los reporteros
hicieron conclusiones prematuras cuando aseguraron que los
científicos habían "pesado el alma". El alma pertenece a reinos
superiores y no puede pesarse en balanzas físicas aunque estas
pudieran registrar la millonésima parte de un gramo en vez de un
décimo de onza.
Lo que los
científicos pesaron fue el cuerpo vital. Está formado por los cuatro
éteres y pertenece al Mundo Físico.
Como hemos visto,
cierta cantidad de ese éter está "superpuesto" sobre el éter que
envuelve cada partícula del cuerpo humano y permanece confinado allí
durante la vida del cuerpo físico, aumentando ligeramente el peso
del cuerpo denso de las plantas, de los animales y del hombre. A la
muerte se escapa; y de ahí la disminución de peso notada por el
doctor citado, cuando morían las personas con quienes experimentaba.
El doctor Mac
Dougall también utilizó sus balanzas para pesar animales
agonizantes. No se notó disminución alguna aunque uno de aquellos
animales era un perro de San Bernardo. entonces se afirmó que los
animales no tenían alma. Un poco más tarde, sin embargo, el profesor
La V. Twining, jefe del Departamento Científico de la Escuela
Politécnica de Los Ángeles, hizo experimentos con ratones y gatitos,
que encerró en frascos de cristal herméticamente cerrados. Sus
balanzas fueron las más sensibles que se pudieron conseguir, y el
todo fue metido dentro de una gran caja de cristal de la que se
había sacado toda la humedad. Se vio que todos los animales perdían
peso al morir. Una ratita que pesaba 12 gramos 886, perdió
súbitamente 3,1 miligramos al morir.
Un gatito empleado
en otro experimento perdió cien miligramos al agonizar, y al lanzar
el último aliento perdió sesenta miligramos más. Después de eso
siguió perdiendo peso muy lentamente debido a la evaporación.
Así que las
enseñanzas de la ciencia oculta respecto a la posesión de cuerpos
vitales por los animales fueron también vindicadas, cuando se
emplearon balanzas suficientemente sensibles, y en el caso
mencionado en primer término, en el que las balanzas no-sensibles no
indicaron disminución alguna al morir el perro de San Bernardo,
muestra que el cuerpo vital de los animales es proporcionalmente más
ligero que el del hombre. |