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Con
el tiempo se llega a un punto en el que el resultado del dolor y
sufrimiento del purgatorio, junto con el goce extraído, de las
buenas acciones de la vida pasada, se ha grabado en el
átomo-simiente del cuerpo de deseos. Todo esto constituye lo que
llamamos conciencia, esa fuerza impelente que nos pone en guardia
contra el mal como productor de sufrimientos y nos inclina hacia el
bien como productor de felicidad y alegría. Entonces el hombre
abandona su cuerpo de deseos para que se desintegre, en la misma
forma que abandonó sus cuerpos vital y denso. Se lleva consigo
únicamente las fuerzas del átomo-simiente, que formarán el núcleo de
los futuros cuerpos de deseos, así como fue la partícula persistente
de sus pasados vehículos de sensación.
Como ya se indicó, las fuerzas del átomo-simiente se reabsorben.
Para el materialista la fuerza y la materia son inseparables. El
ocultista ve las cosas diferentemente. Para él no son dos conceptos
separados y distintos, sino los dos polos de un solo espíritu.
La materia es espíritu cristalizado.
La fuerza es el mismo espíritu no cristalizado aún.
Esto ya se ha dicho anteriormente, pero no puede recalcarse
demasiado en la mente. La ilustración del caracol ayudará mucho a
comprender eso. La materia que es espíritu cristalizado corresponde
a la concha del caracol, cuya concha es la babosa misma
cristalizada. La fuerza química que mueve la materia, haciéndola
apta para la construcción de la forma, y el caracol que mueve su
casa, se corresponden también. Lo que actualmente es la babosa en un
tiempo será materia, cuando se haya cristalizado. El proceso inverso
de resolver la materia en espíritu se produce también de continuo.
La fase más grosera de este proceso que vemos como decaimiento, es
cuando un hombre abandona sus vehículos tras sí y entonces el
espíritu de un átomo se puede separar fácilmente del espíritu más
denso que ha estado manifestándose como materia. |