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El
segundo cielo es el verdadero hogar del hombre, el Ego el pensador.
Aquí permanece durante siglos enteros, asimilando el fruto de su
última vida terrestre y preparando las condiciones terrestres más
apropiadas para su próximo paso de progreso. El sonido que
compenetra esta región y que se hace aparente por doquier como
color, es su instrumento, por decirlo así. Esa vibración armoniosa y
sonora es la que, cual elixir de vida, disuelve en el triple
espíritu la quintaesencia del triple cuerpo de quien depende su
crecimiento.
La vida en el segundo cielo es una vida extraordinariamente activa,
variada en numerosos sentidos. El Ego asimila los frutos de su
última vida terrestre y prepara el ambiente que lo rodeará en una
nueva existencia física. No basta con indicar que las nuevas
condiciones estarán determinadas por la conducta y los actos de la
última vida. Es necesario que los frutos del pasado sean trabajados
y realizados en el mundo que será el próximo campo de actividad,
mientras que el Ego está adquiriendo nuevas experiencias físicas
frescas y obteniendo nuevos frutos. Por lo tanto todos los
habitantes del mundo celeste trabajan sobre los modelos de la
Tierra, los que se encuentran en la Región del Pensamiento Concreto.
Son ellos los que alteran las formas físicas de la Tierra y producen
los cambios graduales que varían su aspecto, de manera que en cada
nueva venida a la vida física se han preparado un nuevo ambiente en
el cual podrán adquirir nuevas experiencias. El clima, la flora y la
fauna son alterados por el hombre bajo la dirección de elevados
Seres que se describirán más tarde. Así que el Mundo es exactamente
lo que nosotros mismos, individual y colectivamente, le hemos hecho;
y será lo que lo hagamos. El ocultista ve en todo cuanto ocurre, una
causa de naturaleza espiritual manifestándose, sin omitir el
alarmante aumento de las perturbaciones sísmicas, producidas por el
pensamiento materialista de la ciencia moderna.
Es cierto que causas físicas puramente pueden producir
perturbaciones, pero, ¿es ésa la última palabra sobre el asunto?
¿Podemos explicarnos ampliamente las cosas con solo registrar lo que
aparece en su superficie? Seguramente, ¡no! Vemos dos hombres
discutiendo en la calle y súbitamente uno golpea al otro, haciéndolo
caer. Un observador podrá deducir que un pensamiento de odio fue la
causa original del golpe. En cambio, otro puede sostener que el vio
el brazo tendido, contraídos los músculos hasta ponerse en contacto
con la víctima. Esto es también cierto, pero es obvio añadir que si
no hubiera habido un pensamiento de odio de por medio, el bofetón no
se habría producido. De parecida manera, dice el ocultista, que si
no fuera por el materialismo, las convulsiones sísmicas no se
producirían.
La obra del hombre en el mundo celeste no está confinada únicamente
a la alteración de la superficie de la Tierra, que será el campo de
acción de sus futuras luchas para dominar el Mundo Físico. Está
también ocupado muy activamente en aprender a construir un cuerpo
que sea un medio mejor de expresión. El destino del hombre es
convertirse en una Inteligencia Creadora y está haciendo su
aprendizaje para conseguirlo durante todo este tiempo. Durante su
vida celeste está aprendiendo a construir toda clase de cuerpos, el
humano inclusive.
Hemos hablado de las fuerzas que trabajan sobre los polos positivo y
negativo de los diferentes éteres. El hombre mismo es una parte de
esas fuerzas. Aquellos que llamamos muertos son los que nos ayudan a
vivir. Ellos, a su vez, son ayudados por los llamados "espíritus de
la Naturaleza", a quienes mandan. El hombre es dirigido en su
trabajo por Instructores de las más elevadas jerarquías creadoras,
los que le ayudan a construir sus vehículos antes de que alcance la
conciencia de sí mismo, de la misma manera que él construye
actualmente sus vehículos durante el sueño. En el transcurso de su
vida celeste ellos le ayudan conscientemente. Al pintor se le indica
cómo construir un ojo sutil, capaz de tomar perspectivas perfectas y
de distinguir los colores y las sombras hasta un grado inconcebible
para los que no se interesan en el color y en la luz. |