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Es el
espíritu-grupo el que arrastra a sus bandadas de aves en el otoño y
las impulsa a emigrar hacia el Sur, ni demasiado pronto ni demasiado
tarde, para escapar a las brisas heladas del invierno; quien dirige
su vuelta en la Primavera, haciéndolas volar a la altura necesaria,
altura que difiere según las especies.
Es
el espíritu-grupo del castor el que le enseña a construir sus
represas a lo largo de la corriente con el ángulo exactamente
necesario, considera la rapidez de la corriente y todas las demás
circunstancias, precisamente como lo haría un ingeniero
experimentado. Es también la sabiduría del espíritu-grupo la que
dirige la construcción de la célula hexagonal de la abeja con tan
admirable perfección y belleza; el que enseña al caracol a construir
y formar su casa en preciosa espiral; el que enseña al molusco
oceánico el arte de decorar su concha iridiscente. Sabiduría,
sabiduría por doquier, tan hermosa y grande, que el que observe con
penetrante mirada no puede menos que sentirse lleno de veneración y
respeto.
En
este punto es muy fácil que se nos ocurra el pensamiento de que si
el espíritu-grupo es tan sabio, considerado el corto período de
evolución del animal comparado con el del hombre, ¿porqué no
despliega este último una sabiduría superior y porqué debe
enseñársele al hombre a construir represas y geometrizar cuando todo
eso lo hace el espíritu grupo sin que se le haya enseñado?
La
respuesta a tal pregunta está relacionada con el descenso del
Espíritu Universal en materia de densidad siempre creciente. En los
mundos superiores, en los que sus vehículos son pocos y sutiles;
está en estrecho contacto con la sabiduría cósmica que brilla de una
manera inconcebible para el Mundo Físico, pero conforme el espíritu
desciende, la luz de la sabiduría se hace temporalmente más y más
oscura , hasta que, en el más denso de todos los mundos, está casi
desvanecida.
Una ilustración hará más claro esto. La mano del hombre es su
sirviente más valioso; su destreza le permite responder al más
ligero contacto. En algunas profesiones, tales como en las de
empleados pagadores de bancos, el tacto de las manos se hace tan
sensitivo, que puede distinguir una moneda falsa de una genuina, y
tan maravillosamente, que uno creería imposible que la mano pudiera
llegar a tener tal inteligencia.
Su
mayor eficiencia se despliega en la música. Es capaz de producir las
más hermosas melodías que conmueven el alma. El tacto delicado y
acariciante de la mano hace hablar el lenguaje del alma al
instrumento, y habla de sus tristezas, de sus alegrías, de sus
esperanzas y aspiraciones, de la manera como la música sola puede
hacerlo. Es el lenguaje del mundo celeste, el verdadero hogar del
espíritu, que fluye de la chispa divina aprisionada en la carne como
un mensaje de la patria ausente, de la tierra nativa. la música se
dirige a todos, sin distinción de razas, credos o cualquier otra
institución mundana. Cuanto más elevado y espiritual es el
individuo, más claro habla aquella, y aun el salvaje se conmueve
oyéndola.
Imaginemos ahora que un profesor de música se colocara unos
guantes muy finos y tratara de tocar su violín. Notaríase en seguida
que su tacto delicado se ha hecho menos sutil; el alma de la música
se ha ido. Si se pone otro par de guantes, más gruesos, sobre el
primer par, su mano se encontrará inhibida hasta tal punto que podrá
ocasionalmente, producir disonancias en vez de los primitivos
melodiosos acordes. Y si por último se pusiera aún otro par de
guantes sobre los ya puestos, más gruesos todavía, se encontraría
temporalmente inhabilitado para tocar, y el que no lo hubiera oído
tocar sin guantes previamente, diría que era imposible que tal
profesor pudiera tocar hermosas melodías, especialmente si aquel
ignoraba que éste se había puesto los guantes.
Así sucede también con el Espíritu; cada paso hacia abajo, cada
descenso hacia la materia más densa, es para el lo que para el
músico el ponerse unos guantes. Cada paso hacia abajo limita su
poder de expresión hasta que se acostumbra a esas limitaciones y
encuentra su foco, así como el ojo encuentra su foco después de
entrar en un luminoso día de verano, en una casa oscura. La pupila
del ojo se contrae hasta su límite bajo el brillo del Sol, y al
entrar en la casa no ve nada; pero conforme la pupila se ensancha y
admite más luz, el hombre puede ver también como a la luz meridiana.
El
objeto perseguido con la evolución del hombre aquí es capacitarlo
para encontrar su foco en el Mundo Físico, donde actualmente la luz
de la sabiduría parece oscurecida. Pero cuando a su debido tiempo
hayamos "encontrado la luz", la sabiduría del hombre brillará
fuertemente en sus acciones y sobrepasará a la sabiduría expresada
por el espíritu-grupo del animal. Además debe hacerse una distinción
entre el espíritu- grupo y los espíritus virginales de la oleada de
vida que actualmente se expresan como animales. El espíritu-grupo
pertenece a una evolución diferente, y es el guardián de los
espíritus animales. |