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El
cuerpo denso en el que funcionamos está compuesto de numerosas
células, teniendo cada una su conciencia celular separada, aunque de
orden inferior. Mientras estas células forman parte de nuestro
cuerpo, están sujetas y dominadas por nuestra conciencia. Un
espíritu- grupo animal funciona en un cuerpo espiritual, que es su
vehículo inferior. Ese vehículo consiste en un número variable de
espíritus virginales imbuidos durante ese tiempo con la conciencia
del espíritu-grupo. Este último dirige los vehículos construidos por
los espíritus virginales a su cargo, cuidándolos y ayudándolos a
desarrollar sus cuerpos. Conforme aquellos evolucionan, el
espíritu-grupo también evoluciona, sufriendo una serie de
metamorfosis, de manera parecida al modo en el cual nosotros
adquirimos experiencia introduciendo en nuestros cuerpos las células
del alimento que comemos, y elevando, por consiguiente, su
conciencia al envolverlas con la nuestra por el momento.
Así que mientras que un Ego separado y consciente de sí mismo se
encuentra dentro de cada ser humano y dirige las acciones de su
vehículo particular, el espíritu del animal separado no está aún
individualizado ni consciente de sí, sino que forma parte del
vehículo de una entidad consciente de sí, perteneciente a otra
evolución distinta: el espíritu-grupo.
Este espíritu-grupo dirige las acciones de los animales de acuerdo
con la ley cósmica, hasta que los espíritus puros o virginales a su
cargo hayan adquirido conciencia de sí y se conviertan en seres
humanos. Entonces empezarán a manifestar gradualmente voluntad
propia, libertándose más y más del espíritu-grupo y haciéndose
responsables de sus propios actos. El espíritu-grupo los influirá,
sin embargo, aunque en grado decreciente, como espíritu de raza, de
tribu, de comunidad o de familia, hasta que cada individuo sea capaz
de obrar en plena armonía con la ley cósmica. Hasta entonces no se
libertará e independizará el Ego por completo del espíritu-grupo,
quien entonces entrará en una fase superior de evolución.
La
situación del espíritu-grupo en el Mundo del Deseo da al animal una
conciencia diferente de la del hombre, quien tiene una conciencia
clara y definida en estado de vigilia. El hombre ve las cosas fuera
de sí mismo, nítida y distintamente. Debido al sendero en espiral de
la evolución, los animales domésticos superiores, especialmente el
perro, el caballo, el gato y el elefante, ven los objetos en una
forma un tanto diferente o, por lo menos, no tan definidos. Todos
los otros animales tienen una "conciencia pictórica" interna ,
parecida al estado de ensueño del hombre. Cuando uno de esos
animales se pone frente a un objeto, percibe inmediatamente dentro
de sí una imagen, acompañada de una fuerte impresión de si el objeto
es maléfico o benéfico para él. Si el sentimiento es de miedo, este
se asocia con una sugestión del espíritu-grupo para que escape del
peligro inminente. Este estado de conciencia negativo facilita al
espíritu-grupo guiar los cuerpos densos de sus subordinados por
medio de la sugestión, pues los animales no tienen voluntad propia.
El
hombre no puede ser manejado tan fácilmente desde afuera, sea o no
con su consentimiento. Conforme progresa la evolución y la voluntad
del hombre se desarrolla más y más, menos accesible se hace a la
sugestión externa y se liberta y obra a su gusto sin tener en cuenta
la sugestión de los demás. esta es la diferencia capital entre el
hombre y los otros reinos. Estos obran de acuerdo con la ley y con
los dictados del espíritu-grupo, que llamamos instinto, mientras que
e hombre se está convirtiendo cada vez más en una ley en sí mismo.
No preguntamos al animal si se cristalizará o no, ni a la flor si se
abrirá o no, ni al león si cesará o no de devorar. Todos ellos
están, así en lo grande como en lo pequeño, bajo la sugestión y bajo
el dominio absoluto del espíritu-grupo, sin la iniciativa ni la
libre voluntad que en algún grado posee todo ser humano. Todos los
animales de la misma especie tienen igual aspecto, porque emanan del
mismo espíritu-grupo, mientras que entre los quince centenares de
millares de hombres que pueblan la Tierra ni dos parecen exactamente
iguales, ni siquiera cuando son adolescentes, porque el sello que
pone sobre cada uno su Ego individual interno produce la diferencia
tanto en la apariencia como en carácter.
Todos los bueyes pastan la hierba y todos los leones comen carne,
mientras "que lo que es alimento para un hombre es veneno para
otro", lo que es una ilustración de la absoluta influencia del
espíritu-grupo que contrasta con el Ego que hace que cada ser humano
necesite una porción de alimento diferente de la que precisa otro.
Los médicos notan la misma peculiaridad al administrar medicinas.
Estas actúan diferentemente sobre cada individuo, mientras que la
misma medicina produce siempre efectos idénticos en dos animales de
la misma especie debido a que todos los animales de la misma especie
siguen los dictados del mismo espíritu-grupo y de la Ley Cósmica, y
obran siempre similarmente bajo circunstancias idénticas. Únicamente
el hombre puede, en cierto grado, seguir sus propios deseos dentro
de los límites determinados. El que sus errores sean muchos y graves
es cierto, y por ello a muchos les parecería mejor que se viera
obligado a seguir el camino recto, pero si así fuera no aprendería
nunca la rectitud. Las lecciones de discernimiento entre el bien y
el mal no pueden aprenderse a menos que haya elección libre para
escoger el camino propio, y así se aprende a rechazar el error como
una verdadera fuente de dolores. Si obrara con rectitud debido a no
tener elección y no tuviera oportunidad de obrar de otra manera,
sería un autómata y no un Dios evolucionante.
Así como el constructor aprende por sus errores y los corrige en
sus futuras construcciones, así también el hombre por medio de sus
faltas y por el dolor que ellas le producen, alcanza una sabiduría
superior a la del animal, por que él es consciente de sí, mientras
que el último actúa bajo el impulso del espíritu-grupo. A su debido
tiempo el animal se convertirá en hombre, tendrá libertad de
elección y cometerá errores, aprendiendo de ellos tal como a
nosotros nos sucede actualmente. |