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Hay
un beneficio inestimable en conocer el método y objeto de esta
purificación, porque así nos es posible adelantarnos a ella viviendo
nuestro purgatorio aquí y ahora, día a día, avanzando mucho más a
prisa que lo que sería posible de otra manera. Se aconseja u
ejercicio1 e la última parte de esta obra, cuyo objeto es la
purificación como ayuda para el desarrollo de la visión espiritual.
Consiste en meditar sobre los acontecimientos del día al retirarse
por la noche. Contémplese cada incidente del día en orden inverso,
fijándose especialmente en su aspecto moral, considerando dónde y
cuándo se obró con rectitud o erróneamente en cada caso particular,
en pensamiento, palabra y obra. Juzgándonos así cada día, tratando
de corregir los errores y las malas obras, acortaremos materialmente
y quizás hasta suprimiremos la necesidad del purgatorio y podremos
pasar directamente al primer cielo después de la muerte. Si de esta
manera nos sobreponemos a nuestras debilidades, también hacemos un
adelanto material en la escuela de la evolución. Aunque fracasemos
en corregir nuestras acciones derivaremos, sin embargo, un enorme
beneficio en juzgarnos, generando aspiraciones hacia el bien, las
que a su debido tiempo se traducirán en rectitud de obrar.
Al
examinar los sucesos del día y lamentarnos de lo mal hecho, no
debemos olvidar el aprobar impersonalmente el bien que hayamos hecho
y determinarnos a obrar aún mejor. De esta manera fortificamos el
bien por la aprobación, así como debilitamos el mal por la
reprobación.
El
arrepentimiento y la reforma son también factores poderosos para
acortar la existencia en el purgatorio, porque la Naturaleza nunca
gasta esfuerzos en procesos inútiles. Cuando comprendemos el error
de ciertos hábitos o actos de nuestra vida pasada y nos determinamos
a borrarlos o a deshacer el mal hecho, expurgamos las imágenes de
ellos de nuestra memoria subconsciente y ya no estarán allí para
juzgarnos después de la muerte. Aun cuando no podamos restituir o
recompensar el mal hecho, la sinceridad de nuestro dolor bastará. La
Naturaleza no tiene por fin el desquite. Puede recompensarse a
nuestra víctima en otra forma.
Muchos progresos ordinariamente reservados para las vidas futuras
serán hechos por el hombre que se tome el trabajo de examinar y
juzgarse a sí mismo, desalojando los vicios y reformando su
carácter. Esta práctica es muy recomendable. Es quizás la enseñanza
más importante de esta obra. |