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Cuando el cordón
plateado se rompe en el corazón, y el hombre se ha liberado de su
cuerpo denso, llega el momento de la mayor importancia para el Ego,
y nunca se repetirá suficientemente a las personas de la familia de
un agonizante que es un crimen contra el alma del que se va el
entregarse a manifestaciones y lamentaciones de dolor, porque
precisamente entonces aquella alma está enfrente a un asunto de
suprema importancia, y la mayor parte del valor de su vida pasada
depende de la atención que pueda prestar en ese acto. Esto se
aclarará más cuando describamos la vida del hombre en el Mundo del
Deseo.
Es también un
crimen contra el agonizante el administrarle estimulantes que tienen
el efecto de forzar a los vehículos superiores a entrar nuevamente
en el cuerpo denso como un alud produciendo un choque enorme en el
hombre.. No es tortura ni dolor alguno el pasar al más allá; la
tortura es obligar al alma a entrar de nuevo en el cuerpo para
seguir sufriendo. Algunos de los que fallecieron han dicho a los
investigadores, "que en ese modo los habían tenido sufriendo varias
horas y que rogaban a sus familiares que cesaran en su mal entendido
cariño y los dejaran morir".
Cuando el
hombre está libre del cuerpo denso que fue el más pesado obstáculo
para su poder espiritual (parecido a los guantes gruesos en la mano
del músico de nuestro ejemplo anterior), su poder espiritual vuelve
a él de nuevo, en cierto grado, y puede leer las imágenes en el polo
negativo del éter reflector de su cuerpo vital, que es el asiento de
la memoria subconsciente.
Su vida pasa
toda ante su vista como un panorama, presentándose los sucesos en
orden inverso. Los incidentes de los días que precedieron a la
muerte se presentan primero y así hacia atrás a través de la
virilidad, juventud, niñez e infancia. Todo se registra.
El hombre
permanece como espectador ante ese panorama de su vida pasada. Ve
las cosas conforme pasan y se van imprimiendo en sus vehículos
superiores, pero no le afectan, se siente impasible ante ellas en
aquellos momentos. Eso está reservado para cuando llegue la hora de
entrar en el Mundo del Deseo, que es el mundo del sentimiento y de
la emoción. Durante el proceso mencionado se encuentra en la Región
Etérica del Mundo Físico.
Este panorama
dura desde unas cuantas horas, hasta varios días, dependiendo del
tiempo que una persona pueda mantenerse despierta, cuando es
necesario. Algunos pueden mantenerse despiertos únicamente doce
horas, o menos aún; otros pueden hacerlo así, según la ocasión, por
cierto número de días, pero tanto tiempo como el hombre pueda
permanecer despierto, permanece también el panorama.
Este hecho de
la vida que sigue a la muerte es parecido al que tiene lugar cuando
uno se ahoga o se cae de una altura. En tales casos el cuerpo vital
abandona también el cuerpo denso y el hombre ve su vida en un
relámpago, porque pierde la conciencia en seguida. Por su puesto, el
"cordón plateado" no se rompe, pues de lo contrario no habría
resurrección posible.
Cuando la
resistencia del cuerpo vital ha llegado a su límite, se paraliza en
la forma descripta cuando consideramos el fenómeno del sueño.
Durante la vida física, cuando el Ego gobierna sus vehículos, esta
paralización termina las horas de vigilia; después de la muerte esa
paralización del cuerpo vital termina el panorama y fuerza al hombre
a entrar en el Mundo del Deseo. El cordón plateado se corta en el
sitio donde los dos "6" se unen (Véase el diagrama 5A), y la misma
división se efectúa durante el sueño, pero con esta diferencia
importante: que aunque el cuerpo vital vuelve hacia el cuerpo denso,
ya no lo interpenetra más, sino que simplemente flota sobre él,
permanece flotando sobre el cadáver, disgregándose sincrónicamente
con el vehículo denso. De aquí que para el clarividente
desarrollado, un cementerio sea un espectáculo nauseabundo y
bastaría conque algunas personas más pudieran verlo, para que no se
necesitara mayor argumentación para inducirnos a cambia el malsano
antihigiénico método de enterrar a los muertos, por el más racional
de la cremación, que devuelve los elementos a su condición
primordial, sin que ocurra ninguna cosa objetable y los
desagradables incidentes del proceso de disgregamiento lento.
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