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Al
dejar el cuerpo vital el proceso es muy parecido al que se verifica
al dejar el cuerpo denso. Las fuerzas de vida de un átomo se llevan
para ser empleadas como núcleo del cuerpo vital en la futura
encarnación. En esta forma, al entrar el hombre en el Mundo del
Deseo lleva consigo los átomos- simiente de los cuerpos vital y
denso, además del cuerpo de deseos y la mente.
Si el difunto
pudiera dejar tras sí todos sus deseos, se desprendería bien pronto
del cuerpo de deseos, quedando así libre para entrar en el Mundo
Celeste; pero no sucede así generalmente. La mayoría de los hombres,
especialmente si mueren en la primavera de su vida, tienen muchos
lazos y mucho interés por la vida de la tierra. Al perder su cuerpo
físico, no por eso han alterado sus deseos. Y, en realidad, muy a
menudo sus deseos son aumentados por un anhelo intensísimo de
volver. Y esto obra sujetándolos más al Mundo del Deseo en una forma
poco agradable, aunque desgraciadamente no lo comprendan así. Por
otra parte, las personas viejas y decrépitas, y todos los que han
sido debilitados por una larga enfermedad y están cansados en la
vida, pasan por el rápidamente.
Esto se
comprenderá mejor por la siguiente ilustración: una semilla se
separa fácilmente del fruto maduro, pues la pulpa no se adhiere a
ella, mientras que en una fruta verde la semilla se aferra con
tenacidad a la carne. Compréndese entonces que es muy duro para las
personas el verse privadas de su cuerpo por un accidente, mientras
se encuentran en la plenitud de sus fuerzas y salud físicas,
embarcadas bajo muchos aspectos en las actividades de la vida
física, ligadas por los lazos matrimoniales, de familia, de
relaciones, de amigos y parientes y en la realización de negocios y
placeres.
El suicida, que
trató de huir de la vida, únicamente encuentra que está más vivo que
nunca, y en el más lastimoso estado. Puede observar a aquellos a
quienes ha perjudicado quizás por su acto y lo que es peor de todo,
es que tiene un inexpresable sentimiento de "vacuidad", de estar
"ahuecado" o "vacío". La parte del aura ovoide en la que
generalmente está el cuerpo denso, está vacía, y aunque el cuerpo de
deseos ha tomado la forma del cuerpo denso perdido, se siente como
si fuera una cáscara vacía, porque el arquetipo creador del cuerpo
en la Región del Pensamiento Concreto persiste como molde vacío, por
decirlo así, durante tanto tiempo como debió vivir el cuerpo denso.
Cuando una persona muere de muerte natural, aunque sea en los
albores de su vida, la actividad del arquetipo cesa y el cuerpo de
deseos se ajusta por sí mismo como para ocupar la forma por
completo; pero en el caso del suicida, el espantoso sentimiento de
"vacío" permanece hasta que llega el tiempo en el que, por el curso
natural de los acontecimientos, debió ocurrir su muerte.
Mientras el
hombre mantenga deseos relacionados con la vida terrestre, debe
permanecer en su cuerpo de deseos; y como el progreso del individuo
requiere que éste pase por las Regiones Superiores, la existencia en
el Mundo del Deseo debe ser forzosamente purgadora, tendiendo a
purificarlo de las cadenas de sus deseos. El como se efectúa, será
bien comprendido tomando algunos ejemplos definidos.
El avaro que
ama su oro en la vida terrestre lo sigue amando igual después de la
muerte; pero en primer lugar, no puede adquirir más, porque no tiene
cuerpo denso a su disposición para adquirirlo y, lo que es peor de
todo, ya no puede guardar lo que acumuló durante su vida.
Probablemente irá y rondará su caja de caudales y observará sus
queridos tesoros y sus sacos de dinero, pero sus herederos
aparecerán quizás y con expansiones de alegría hablarán del "loco
avaro" (a quien no ven, pero que son vistos y oídos por este
último), abrirán su caja, y aun cuando aquel se arroje sobre aquella
para protegerla, ellos echarán mano al dinero, sin imaginarse
siquiera que el avaro anda por allí, y lo gastarán a pesar de los
sufrimientos y la imponente rabia del que lo atesoró. |