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El estudiante comprenderá ahora la
importancia del panorama de la vida pasada durante la existencia
purgatorial, en la que este programa se realiza en sentimientos
definidos. Si se le dejara tranquilo, sin perturbarlo, al morir, la
impresión de aquel se realizará en toda su plenitud, clara y
profundamente, en el cuerpo de deseos, lo que haría la vida en el
Mundo del Deseo mucho más vívida y consciente, y la purificación
sería más perfecta que sí, debido a los lamentos por parte de los
que rodean su lecho de muerte durante el período de tres días
mencionado, el hombre solo pudiera tener una impresión vaga de su
vida pasada. El espíritu que ha grabado en su cuerpo de deseos un
recuerdo claro y profundo comprenderá los errores de su vida pasada
mucho más clara y definidamente que si las imágenes fuesen borrosas,
debido a que la atención individual ha sido distraída por los
lamentos y sufrimientos de los que lo rodeaban. Sus sentimientos
concernientes a las cosas que causan su sufrimiento actual en el
Mundo del Deseo serán mucho más definidos si se graban profundamente
por medio de una impresión panorámica clara y distinta que si la
duración de aquel proceso fuera corta.
Este sentimiento agudo,
preciso, es de un valor inmenso en las vidas futuras. Estampa sobre
el átomo-simiente del cuerpo de deseos una impresión imborrable. Las
experiencias se olvidarán en las vidas futuras, pero el sentimiento
subsistirá. Cuando se presenten nuevas oportunidades para repetir
los errores de nuestras vidas pasadas, este sentimiento nos hablará
con toda claridad y de manera inequívoca. Es "esa voz perenne y
constante" que nos quema aunque no sepamos por qué; pero cuanto más
claro y definido haya sido el panorama de nuestras vidas pasadas,
tanto más a menudo, fuerte y clara oiremos esa voz. Vemos pues, cuan
importante es que permitamos al espíritu agonizante morir con toda
calma y quietud. Haciéndolo así le ayudaremos a recoger el más
grande beneficio de la vida que acabó, a suprimir en el futuro los
mismos errores; en tanto que nuestras lamentaciones egoístas e
histéricas pueden privarlo de gran parte del valor de la vida que
acaba de concluir.
El objeto del purgatorio es el
borrar los malos hábitos haciendo imposible su gratificación. El
individuo sufre exactamente lo que ha hecho sufrir a otros con su
deshonestidad, crueldad, intolerancia o lo que fuere. Por este
sufrimiento aprende a obrar cariñosa, honesta y benévolamente y con
toda paciencia para los demás en el futuro. como consecuencia de
este beneficioso estado, el hombre aprende el valor de la virtud y
de la acción justa y recta. Cuando renace está libre de malos
hábitos , o, por lo menos, las malas acciones que cometa son
producto de su voluntad libre.
La tendencia a repetir el mal
de sus vidas pasadas subsiste, porque debemos aprender a obrar con
rectitud, conscientemente y por propia voluntad. Ocasionalmente
estas tendencias nos tientan, proporcionándonos así oportunidades de
dominarnos a nosotros mismos e inclinarnos hacia la virtud y la
compasión, y oponernos a la crueldad y al vicio. Pero para
indicarnos la rectitud en el obrar y ayudarnos a resistir los
sofismas e impulsos de la atención tenemos el sentimiento que
resulta de la purificación de los malos hábitos y la expiación de
los malos actos de nuestras vidas pasadas. Si escuchamos esa voz y
nos abstenemos del mal que nos tentaba, la tentación cesa. Nos
liberamos de ella para siempre. Si caemos de nuevo, experimentaremos
un sufrimiento aún mucho más agudo que antes, hasta que aprendamos a
vivir la Regla de Oro, porque el destino de los transgresores es muy
duro. Y aún así no hemos llegado todavía al fin. Hacer el bien a los
demás porque deseamos que ellos nos lo hagan a nosotros es
esencialmente egoísta. A su debido tiempo deberemos aprender a hacer
el bien sin mirar cómo nos tratan los demás; como Cristo dijo,
debemos amar a nuestros enemigos. |