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Este
recuerdo es mucho más importante que la memoria a la que tenemos
acceso consciente, porque esta última está formada por percepciones
de los sentidos, imperfectas e ilusorias, y es la memoria voluntaria
o consciente.
La memoria
involuntaria o mente subconsciente se forma de otra manera, estando
fuera de nuestro dominio actualmente. Así como el éter lleva a la
placa sensible de la cámara oscura una impresión fidelísima del
paisaje, hasta en sus menores detalles, sin tener en cuenta si el
fotógrafo los ha observado o no, así también el éter contenido en el
aire que inspiramos, lleva consigo una pintura fiel y detallada de
todo nuestro alrededor. Y no solamente de las cosas materiales, sino
también de las condiciones que existen en cada momento en nuestra
aura. El más fugaz sentimiento, pensamiento y emoción se transmite a
los pulmones, donde se inyecta en la sangre. La sangre es uno de los
productos más elevados del cuerpo vital, porque es el vehículo que
lleva el alimento a todas las partes del cuerpo y es también el
vehículo directo del Ego. Las imágenes que contiene se imprimen
sobre los átomos negativos del cuerpo vital, para servir como
árbitros del destino del hombre en el estado postmortem.
La memoria (o la
llamada mente), consciente y subconsciente, se refiere completamente
a las experiencias de esta vida, y se compone de las impresiones de
los acontecimientos archivados en el cuerpo vital. Dichas
impresiones pueden ser modificadas o borradas, como se indica en la
explicación referente al olvido de los pecados que se da un poco más
adelante, cuyo cambio o exterminio depende de la eliminación de esas
impresiones del éter del cuerpo vital.
Hay también una
memoria supraconsciente. Es, por así decirlo, el archivo o almacén
de todas las facultades adquiridas y conocimientos conseguidos en
las vidas anteriores, aunque quizás latentes en la presente
encarnación. Este recuerdo está grabada indeleblemente en el
Espíritu de Vida. Se manifiesta ordinariamente, aunque no en toda su
extensión, como la conciencia y el carácter que animan a todos los
pensamientos-forma, algunas veces como consejero, otras compeliendo
a la acción con irresistible fuerza y hasta contradiciendo a la
razón y al deseo. En muchas mujeres, en las que el cuerpo vital es
positivo, según hemos dicho, y en las personas avanzadas de
cualquier sexo, cuyos cuerpos vitales se han sensibilizado por una
vida pura y santa, por la oración y por la concentración, esta
memoria supraconsciente, inherente al Espíritu de Vida, está
ocasionalmente por encima de la necesidad de envolverse en materia
mental o de deseos para compeler a la acción. No siempre necesita
correr el riesgo de verse sujetada y hasta sometida por el proceso
de razonamiento. Algunas veces, en forma de intuición o de enseñanza
interna, se imprime directamente sobre el éter reflector del cuerpo
vital. Cuanto más dispuestos nos encontremos para recoger y seguir
dictados, tanto más a menudo hablará para nuestro Eterno beneficio.
Por sus actividades
durante las horas de vigilia el cuerpo de deseos y la mente están
constantemente destruyendo el vehículo denso. Cada pensamiento, cada
movimiento, destruye tejidos. Por otro lado, el cuerpo vital se
dedica de lleno a restaurar la armonía y reconstruir lo que los
otros vehículos están destruyendo. Sin embargo, no puede siempre
contrabalencear completamente los estragos causados por los
impulsos, sentimientos y pensamientos. Gradualmente va perdiendo
terreno y por último llega un tiempo en que se paraliza. Sus
"puntitos" se salen , por así decirlo. El fluido vital cesa de
circular por los nervios en la cantidad necesaria; el cuerpo se hace
pesado; el pensador se encuentra cohibido por su pesadez y se ve
obligado a salir de él, llevándose el cuerpo de deseos consigo. Esta
salida de los vehículos superiores deja al cuerpo denso
interpenetrado por el cuerpo vital en el estado sin sentido que
llamamos sueño. |