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De este modo,
mientras que la herencia en primer término sólo es positiva en
cuanto al material del cuerpo denso, y no con respecto a las
cualidades anímicas, que son individuales por completo, el Ego
renaciente también ejecuta cierta clase suma de trabajo en su cuerpo
denso, incorporando a él la quintaesencia de sus cualidades físicas
pasadas. Ningún cuerpo es una mezcla exacta de las cualidades de sus
padres, si bien el Ego está restringido a usar los materiales
tomados de los cuerpos del padre y de la madre. De aquí que el
músico reencarna donde pueda conseguir el material necesario para
una mano delicada y un oído sutil con sus sensitivas fibras de Corti
y el debido ajuste de los tres canales semicirculares. El arreglo de
estos materiales es, sin embargo, en cierta extensión, efectuado
bajo la dirección del Ego. Es lo mismo que cuando a un carpintero se
le da una pila de maderas para que las emplee en construir una casa
para vivir en ella, si bien se deja a su propio criterio la clase de
casa que desee construir.
Salvo en el caso
de un ser de elevado desarrollo, este trabajo del Ego es casi nulo
en el presente estado de evolución del hombre. El margen mayor se le
da en la construcción del cuerpo de deseos, muy poco en la del
cuerpo vital y casi ninguna en la de su cuerpo denso; si bien este
poco es suficiente para hacer de cada individuo una expresión de su
propio espíritu, diferente al de sus padres.
Cuando la
impregnación del óvulo ha tenido lugar, el cuerpo de deseos de la
madre trabaja sobre él durante un período de dieciocho a veintiún
días, permaneciendo el Ego fuera, en su cuerpo de deseos y concha
mental. Al expirar ese tiempo el Ego entra en el cuerpo de la madre.
Los vehículos en forma de campana se absorbe a través de la cabeza
del cuerpo vital, y la "campana" se cierra por la parte inferior.
Desde entonces el Ego incuba su cuerpo venidero hasta el nacimiento
del niño y entonces comienza la nueva vida terrestre. |