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La elección es
nuestra, pero en tanto no aprendamos todo lo que hay que aprender en
este mundo, debemos volver a él. No podemos permanecer en los mundos
superiores y aprender allí hasta que hayamos dominado las lecciones
de la vida terrestre. Esto sería tan sensible como enviar a un niño
al kindergarten un día y a la universidad al siguiente. El niño debe
volver al kindergarten un día y otro y pasar años enteros, antes de
que el estudio haya desarrollado en él la capacidad suficiente, para
que pueda comprender las enseñanzas que se dan en la universidad.
El hombre
también está en la escuela: la escuela de la experiencia. Y debe
volver a ella muchas veces antes de que pueda esperar el dominar
todo el conocimiento del mundo de los sentidos. No existe una vida
terrestre sola, por rica que haya sido en experiencia, que pueda
suministrar todo ese conocimiento, y por eso la Naturaleza decreta
que el hombre debe volver a la Tierra, después de intervalos de
reposo, para proseguir su trabajo donde lo dejó, de igual manera que
un niño sigue su estudio en la escuela cada día, después del
intervalo de una noche de sueño. No es argumento contra esta teoría
el decir que el hombre no recuerda sus vidas anteriores. No
recordamos los ejercicios y trabajos que hicimos al aprender a
escribir y, sin embargo, poseemos el arte de escribir, que prueba
que lo hemos aprendido. Todas as facultades que poseemos demuestran
que las hemos adquirido alguna vez y en alguna parte. Algunos
recuerdan su pasado, sin embargo, como se relata en un ejemplo
notable al final del capítulo siguiente y, que al fin y al cabo, es
uno de tantos.
Y además, si no
hubiera vuelta a la Tierra, ¿ qué utilidad tendría la vida? ¿Por qué
luchar por nada? ¿Por qué una vida de felicidad en un cielo Eterno
debería ser la recompensa de una buena vida? ¿ Qué beneficio podría
producir una buena vida en un cielo donde todo el mundo es ya feliz?
Seguramente en un lugar donde todo el mundo es feliz y está contento
no hay necesidad alguna de simpatía, de sacrificios ni de buenos
consejos. Nadie los precisaría; pero en la Tierra hay muchos que los
necesitan y esas cualidades humanitarias y altruistas son de la
mayor utilidad para la humanidad que lucha. Por lo tanto, la Gran
Ley que trabaja para el bien, hace que el hombre vuelva al mundo
para beneficio de sí mismo y de los demás, con sus tesoros
adquiridos, en vez de permitir que se estropeasen o desperdiciasen
en el cielo, donde nadie los necesita. |