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Pero
puede preguntarse: ¿Por qué debemos renacer? ¿Por qué debemos volver
a esta existencia terrestre limitada y miserable? ¿Por qué no
podemos adquirir experiencia en esos reinos superiores, sin
necesidad de venir a la Tierra?
¡¡Estamos
cansados de esta vida terrestre fastidiosa y agotadora!!
Tales quejas
están basadas en malentendidos de varias clases. En primer término
debemos comprender y grabar profundamente en los anales de nuestra
memoria que el propósito de la vida no es la felicidad sino la
experiencia. La tristeza y el dolor son nuestros maestros más
benévolos, mientras que las alegrías de la vida no son sino cosas
fugaces.
Esto parece ser
una doctrina muy dura y el corazón grita apasionadamente y protesta
ante la posibilidad de que ese pensamiento sea cierto. Sin embargo,
así es, y si lo examinamos comprenderemos que no hay tal dureza en
esa doctrina después de todo.
Consideremos las
bendiciones del dolor. Si pudiéramos colocar nuestra mano sobre una
estufa caliente y no sintiéramos dolor, la mano podría quedarse allí
probablemente hasta que el brazo se quemara, sin que nosotros nos
diéramos cuenta de ello a tiempo para salvarlo. El dolor que resulta
del contacto de la mano con la estufa caliente es lo que nos hace
retirar aquella rápidamente, antes de que produzca ningún daño
serio. En vez de perder la mano escapamos con una ligera quemadura
que bien pronto se cura. Esta es una ilustración de lo del Mundo
Físico. Y encontraremos que el mismo principio obra en los mundos
del Pensamiento y Moral. Si ultrajamos la moralidad, el
remordimiento que nuestra conciencia nos produce, provoca un dolor,
dolor que nos impedirá repetir el acto, y si no aprendemos a la
primera lección, la Naturaleza nos proporcionará experiencias cada
vez más duras hasta que por último penetrará en nuestra conciencia
el hecho de que "el sendero del transgresor es muy duro". Y eso
continuará hasta que nos veamos forzados a tomar una nueva dirección
y dar un paso más hacia una vida mejor.
La experiencia
es "el conocimiento de las causas que producen los actos". Este es
el objeto de la vida, junto con el desarrollo de la "Voluntad", que
es la fuerza con la que aplicamos el resultado de la experiencia. La
experiencia debe adquirirse, pero podemos elegir entre adquirirla
por el escabroso y duro camino de la experiencia personal o por la
observación de los actos ajenos razonados y reflexionando sobre
ellos, guiados por la luz de cualquier experiencia que hayamos
tenido. Este es el método por el cual el estudiante de ocultismo
debe aprender, en vez de necesitar el látigo de la adversidad y del
dolor. Cuanto más deseosos estemos de aprender en esa forma, menos
sentiremos las punzantes espinas del "sendero del dolor" y tanto más
pronto obtendremos el "sendero de la paz". |