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El que esto escribe fue por aquel entonces el norte
de Seattle, y unos cuantos días antes del tiempo crítico escribió a
Mr. L. y le recomendó cuidado. Mr. L. contestó que se acordaba
perfectamente y que obraría en consecuencia.
Las primeras noticias sobre el asunto se obtuvieron
de un amigo mutuo, quien manifestó que el 28 de julio Mr. L. había
ido a Sierra Madre en un tranvía eléctrico que chocó contra un tren,
sufriendo las mismas heridas anunciadas previamente y habiéndose
cortado, además un tendón de la pierna izquierda.
La cuestión era averiguar cómo es que teniendo Mr.
L. completa fe en la predicción, se había olvidado de ella. La
explicación vino tres meses después, cuando se había repuesto lo
suficiente para poder escribir. La carta decía : "Yo creía que el 28
era el 29".
No hay duda alguna que se trataba de una parte del
destino "maduro", imposible de eludir, tal como lo mostraban
claramente las estrellas.
Las estrellas pueden ser llamadas, por lo tanto, el
Reloj del Destino". Los doce signos del Zodiaco corresponden a la
esfera; el Sol y los planetas a la manecilla de las horas, que
indica el año; y la Luna al minutero, que indica los meses del año
en los que los diferentes lotes de destino maduro de cada vida deben
cumplirse.
Nunca se explicará bastante que si bien hay algunos
casos que no pueden eludirse, el hombre tiene hasta cierto punto el
poder de modificar ciertas causas ya puestas en movimiento. Como
dijo el poeta:
One ship sails east and another sails west1
With the self-same winds that blow.
`Tis the set of the sail and not the gale
Which determines the way they go.
As the winds of the sea are the ways of the fate
As we voyage along trough life.
`Tis the act of soul that determines the goal,
And not the calm or the strife.
1 Traducción:: Un barco zarpa para el Este y otro
para el Oeste -- con el mismísimo viento para los dos. -- "Es la
posición de la vela (el rumbo) y no el viento -- el que determina el
camino que llevan. -- Y como los vientos del mar son los caminos del
destino, -- así navegamos durante toda la vida, -- es el obrar del
alma lo que determina la victoria, --- y no la calma o la
tempestad".
Lo importante de comprender es que nuestras obras
actuales son las que determinan las condiciones futuras.
Los
religiosos ortodoxos y aún hasta los que no profesan religión
alguna, exponen como uno de sus más fuertes argumentos contra la Ley
del renacimiento, el de que se enseña en la India a la "masa ignara"
que cree en ella. Si es una ley natural, sin embargo, no puede haber
objeción alguna, por fuerte que sea, que la invalide o le impida
obrar. Antes de que hablemos de "masas ignaras" o enviemos
misioneros allá, sería conveniente que examináramos un poco nuestros
conocimientos. Los maestros se quejan siempre de la superficialidad
de nuestros estudiantes. El profesor Wilbur L. Cross , de Yale,
menciona entre otros asombrosos casos de ignorancia el hecho de que
en una clase de cuarenta alumnos, ni uno solo pudo indicar el sitio
de Judas Iscariote. |