|
En
terminología rosacruz, esas jerarquías son denominadas los "Señores
de la Llama", debido a la brillante luminosidad de sus cuerpos y a
sus grandes poderes espirituales. En la Biblia se las llama
"Tronos", y ayudaron al hombre por su libre voluntad. Estaban tan
avanzadas que esta manifestación evolutiva no podía proporcionarles
nuevas experiencias, y por lo tanto, ninguna sabiduría más; y lo
mismo podríamos decir de dos Jerarquías de orden más elevado aún,
que se nombrarán más tarde. Las restantes jerarquías creadoras, con
objeto de completar su propia evolución, se vieron impelidas a
trabajar en y con el hombre.
Estos
Señores de la Llama estaban fuera del oscuro globo de Saturno, y sus
cuerpos emitían una luz fortísima, y proyectaban, por así decirlo,
sus imágenes sobre la superficie de ese antiguo globo, que era tan
poco impresionable que reflejaba múltiplemente, como un eco, todo
cuanto se ponía en contacto con él, reflejando las imágenes
multiplicadas. Esto es lo que en el mito griego se quiere significar
cuando se habla de que Saturno devoraba a sus propios hijos.
Sin
embargo, por repetidos esfuerzos durante la primera evolución, los
Señores de la Llama consiguieron implantar en la vida evolucionante
el germen que ha desarrollado nuestro cuerpo físico. Este germen se
desarrolló un tanto durante el resto de las seis primeras
revoluciones, obteniendo la capacidad de desarrollar los órganos de
los sentidos, especialmente el del oído. Por lo tanto, el oído es el
órgano más desarrollado que poseemos. Es el instrumento que conduce
con la mayor exactitud todas las impresiones que recibe del exterior
hasta la conciencia. Está menos sujeto a las ilusiones del Mundo
Físico que cualquier otro sentido.
La
conciencia de la vida evolucionante de ese período era semejante a
la del mineral actual -un estado de inconsciencia análoga a la de
los médiums en trance profundo-, si bien durante las primeras seis
revoluciones la vida evolucionante trabajó el germen del cuerpo
denso bajo la dirección y con ayuda de las diversas jerarquías
creadoras. A la mitad de la séptima revolución los Señores de la
Llama, que habían permanecido inactivos desde el momento en que
proporcionaron el germen del cuerpo denso en la primera revolución,
se hicieron activos nuevamente, esta vez con objeto de despertar el
principio espiritual más elevado, y produjeron la actividad inicial
del espíritu divino en el hombre.
Así
que el hombre debe su vehículo más elevado y el más inferior -el
espíritu divino y el cuerpo denso- a la evolución del Período de
Saturno. Estos Señores de la Llama ayudaron a esa manifestación
voluntariamente, sin que nada los obligara, en manera alguna, a
hacerlo.
La
obra de las varias jerarquías creadoras no comienza en el globo A al
principio de un Período o de una Revolución, sino que empieza a la
mitad de una revolución, creciendo en fuerza y alcanzando su mayor
eficacia en la mitad de la Noche Cósmica, la que tiene lugar lo
mismo entre las revoluciones que entre los períodos. Entonces
empieza a declinar gradualmente, y la oleada de vida va
desapareciendo hasta la mitad de la próxima revolución.
Así
que la obra de los Señores de la Llama con objeto de despertar la
conciencia germinal, fue más activa y eficiente durante el período
de reposo entre los períodos de Saturno y Solar. |