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Repetimos
nuevamente que una Noche Cósmica no debe ser considerada como un
período de inactividad. No es una existencia inerte, según ya vimos
al estudiar la vida de un individuo desde su muerte hasta el próximo
nacimiento. Y así sucede igualmente después de la gran muerte de
todos los globos de un Período. Es una cesación de manifestación
activa, con objeto de que pueda desarrollarse una actividad
subjetiva proporcionalmente más aguda.
Quizá
la mejor idea de la naturaleza de esta actividad nos la puede
proporcionar la observación de lo que ocurre cuando una fruta madura
cae bajo tierra. La fermentación y la desintegración es lo que se
presenta primero; pero de todo ese caos brota la nueva planta,
surgiendo hacia el aire y a la luz del Sol. Y así, también, cuando
termina un período, todo se resuelve en un caos conglomerado, a
primera vista imposible de ordenarlo. Pero a su debido tiempo, sin
embargo, se forman los globos de un nuevo período y se convierte en
Mundos habitables por el hombre. Después la vida evolucionante se
transfiere a los cinco globos obscuros que atraviesa durante la
Noche Cósmica, para comenzar las actividades de un nuevo día
creador, pero en medio de un ambiente distinto, preparado y
exteriorizado durante el transcurso y por medio de las actividades
desplegadas en la Noche Cósmica. Así como las fuerzas producidas por
la fermentación de la fruta estimulan la semilla y fertilizan la
tierra en la que crece, así también los Señores de la Llama
estimulan el germen del espíritu divino, especialmente durante la
Noche Cósmica entre los períodos de Saturno y Solar, continuando en
su actividad hasta la mitad de la primera revolución del Período
Solar. |