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Únicamente tres teorías de valor se han emitido para resolver el
enigma de la vida y de la muerte.
En el
capítulo anterior hemos explicado una de esas teorías hasta cierto
punto: la del Renacimiento, junto con su compañera, la ley de
Consecuencia. No está fuera de lugar el comparar la teoría del
Renacimiento con las otras dos teorías emitidas, con objeto de
buscar su relativo fundamento. Para el ocultista no puede haber
cuestión. El no dice que "cree" en ello, salvo en el sentido en que
nosotros decimos que "creemos" en que el capullo se abre, o que el
agua del río fluye, o que creemos en la operación de cualquier otra
cosa del mundo material de las que se van y vienen continuamente
ante nosotros. No decimos de esas cosas que "creemos"; simplemente
afirmamos que "conocemos" porque las vemos. Así también el ocultista
puede decir que "yo se" respecto al Renacimiento, la Ley de
consecuencia y sus corolarios. El ve al Ego y puede señalar su
sendero desde que ha dejado su cuerpo denso hasta que reaparece en
la Tierra naciendo de nuevo. Por tanto él no necesita "creer". Para
satisfacción de los demás, sin embargo, es conveniente examinar esas
tres teorías sobre la vida y la muerte con el objeto de arribar a
una conclusión razonable.
Cualquier gran ley de la naturaleza debe estar necesariamente en
armonía con todas las demás leyes suyas. Por lo tanto, será
conveniente para el investigador examinar esas teorías en su
relación con lo que se admite por todos como "leyes reconocidas de
la Naturaleza", observadas en esa parte del Universo que nos es más
familiar. Con este objeto indicaremos primeramente esas tres
teorías.... |