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La
Evolución es la "historia del progreso del Espíritu en el Tiempo."
En todas partes, conforme miramos los variados fenómenos del
Universo, vemos que el sendero evolutivo es una espiral. Cada vuelta
de la espiral es un ciclo. Cada ciclo se sumerge en el próximo, y
las espirales son continuas, siendo cada ciclo el producto mejorado
del precedente y el creador de los más desarrollados estados que le
siguen.
Una
línea recta no es sino la extensión de un punto. Ocupa una sola
dimensión en el espacio. La teoría materialista y la teológica
serían semejantes a esa línea. El materialista dice que la línea de
la vida parte en el nacimiento y que la hora de la muerte la
termina. El teólogo comienza su línea son la creación del alma
inmediatamente al nacimiento. Después de la muerte el alma vive
indefinidamente, estando su destino determinado por lo que sembró en
el corto periodo de unos cuantos años. No puede volver atrás para
corregir los errores. La línea sigue siempre recta, implicando una
cantidad limitada de experiencia, y no habiendo elevación alguna
para el alma después de la muerte.
El
progreso natural no sigue una línea recta como implican esas
teorías; ni siquiera un camino circular , porque eso significaría
dar vueltas continuamente sin llegar nunca al fin. , que sería lo
mismo que emplear solo dos dimensiones del espacio. Todas las cosas
se mueven en ciclos progresivos de manera que puedan gozar de todas
las ventajas y de todas las oportunidades de desarrollo que el
universo de tres dimensiones pueda ofrecerles, siendo necesario que
la vía evolucionante tome el sendero de tres dimensiones: la espiral
que siempre va adelante y hacia arriba.
Bien
sea que miremos la más modesta plantita de nuestro jardín, o que
examinemos uno de los gigantescos árboles de California, con sus
treinta pies de diámetro en el tronco, es siempre lo mismo; cada
rama, tallo u hoja se verá que brota siguiendo una espiral simple o
doble, o en pares opuestos, que equilibra el uno al otro, análogo al
flujo y reflujo, al día y a la noche, a la vida y a la muerte y
otras actividades alternativas de la Naturaleza.
Examinemos el arco del cielo y obsérvese la inmensa nebulosa o el
sendero de nuestro Sistema Solar; por todas partes el ojo ve la
espiral. En la primavera la Tierra sacude su manto blanco y
despierta de su período de descanso, el sueño invernal. Todas las
actividades tienen por objeto el producir nueva vida por doquier. El
tiempo pasa. El trigo y las uvas maduran y se recogen. De nuevo el
activo verano sigue al silencio y reposo del invierno. Nuevamente el
manto blanco de nieve envuelve a la Tierra. Pero su sueño no es para
siempre; de nuevo volverá a despertarse al oír el canto de la
primavera, que marcará para ella un pequeño progreso más en el
sendero del tiempo.
Y así
sucede con el Sol. Se levanta en la mañana de cada día, pero cada
mañana ha progresado o adelantado más en su jornada anual.
Por
todas partes se encuentra la espiral: ¡hacia arriba y adelante ,
para siempre!
¿Sería
posible que esta ley, tan universal en todos los otros reinos, no
rigiera también en la vida humana? ¿Debería despertar la Tierra cada
año de su sueño invernal; debería el árbol y la flor vivir de nuevo
y el hombre morir para siempre? ¡No puede ser! La misma ley que
despierta la vida en la planta para que crezca de nuevo, trae al
hombre para que adquiera nuevas experiencias y progrese más hacia la
meta de la perfección. Por lo tanto la teoría del Renacimiento, que
afirma la encarnación repetida en vehículos de creciente perfección,
está de perfecto acuerdo con la evolución y los fenómenos de la
Naturaleza, con la que no están de acuerdo las otras dos teorías.
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