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El
comprender perfectamente el esquema de la evolución planetaria, que
ha sido bosquejado en las páginas precedentes, es de valor
importantísimo para el estudiante. Aunque algunos creyentes en las
leyes de Consecuencia y Renacimiento parecen pensar que la posesión
de tales conocimientos no es esencial, y, además, de poca utilidad,
diremos, por el contrario, que es de la mayor importancia para el
diligente estudiante de esas dos leyes, el comprender dicho esquema.
Ejercita la mente por medio de pensamientos abstractos y la eleva
sobre las cosas de la existencia concreta, ayudando a la imaginación
a remontarse sobre los enmarañados afanes del propio interés. Como
ya se indicó al estudiar el Mundo del Deseo, el Interés es lo que
impulsa a la acción, si bien en nuestro presente grado de progreso
el Interés se despierta generalmente por egoísmo. Algunas veces es
de naturaleza muy sutil, pero aguijonea la acción de varias maneras.
Toda acción inspirada por el interés genera ciertos efectos que
actúan sobre nosotros, y , en consecuencia, nos rozamos con las
acciones que tienen que ver con los mundos concretos. Pero si
nuestras mentes están ocupadas con asuntos tales como las
matemáticas o el estudio de las fases planetarias de la evolución,
estamos en la Región del Pensamiento puramente Abstracto, más allá
de la influencia del sentimiento, y la mente se dirige hacia arriba,
a los dominios espirituales, a la liberación. Cuando estamos
extrayendo raíces cúbicas, o multiplicando números, o meditando
sobre los períodos, revoluciones, etc., no sentimos nada sobre
ellos. No peleamos porque dos veces dos hagan cuatro. Si se
mezclaran nuestros sentimientos, quizá trataríamos de convertirlos
en cinco y nos pelearíamos con todo aquel que, por razones
personales, quisiera que sólo fueran tres; pero en matemáticas la
Verdad es clara y palpable, y, por lo tanto, elimina todo
sentimiento. Por esto, para el hombre corriente, deseoso de vivir en
sus emociones, las matemáticas son cosas áridas y sin interés.
Pitágoras ordenaba a sus discípulos que vivieran en el Mundo del
Espíritu Eterno y exigía a los que deseaban instrucciones, que
estudiaran en primer lugar las matemáticas. Una mente capaz de
comprender las matemáticas está por encima de lo corriente y es
capaz de elevarse hasta el Mundo del Espíritu, porque no está sujeta
al Mundo de la Emoción y del Deseo. Cuánto más nos acostumbremos a
meditar sobre los Mundos Espirituales, más fácilmente podremos
remontarnos sobre las ilusiones que nos rodean en esta existencia
concreta, donde los sentimientos de Interés y de Indiferencia
obscurecen la Verdad y nos sugestionan, así como la refracción de
los rayos luminosos en las capas atmosféricas de la Tierra nos hace
concebir ideas acerca de la posición ocupada por la luminaria que lo
emite. |