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El
esquema evolutivo se lleva a cabo a través de esos cinco Mundos en
siete grandes Períodos de Manifestación, durante los cuales los
espíritus virginales o vidas evolucionantes se convierten primero en
hombres, y después en dioses.
Al principio de la Manifestación, Dios diferencia
dentro de Sí Mismo (no de sí mismo) esos espíritus virginales, como
chispas de una Llama, de la misma naturaleza que ésta, capaces de
expandirse hasta convertirse ellas también en Llamas. La Evolución
es el proceso que realiza ese fin. En los espíritus virginales están
contenidas todas las posibilidades de su Divino Padre, incluso el
germen de la voluntad independiente, lo que los hace capaces de
originar nuevas fases no latentes en ellos. Las posibilidades
latentes se transforman en poderes dinámicos y facultades
aprovechables durante la evolución, mientras que la voluntad
independiente produce puntos de partida nuevos y originales, o sea
Epigénesis.
Antes del principio de su peregrinación a través de
la materia, los espíritus virginales se encontraban en el Mundo de
los Espíritus Virginales, el próximo al más elevado de los siete
mundos. Ellos tienen Conciencia Divina, pero no la conciencia de sí,
del yo. Esta conciencia, el poder anímico y la mente creadora son
las facultades que se adquieren en la evolución.
Cuando los espíritus virginales están sumergidos en
el Mundo del Espíritu Divino quedan ciegos e inconscientes en ese
estado de materia. Están ya ajenos a las condiciones exteriores como
lo está el hombre sumergido en trance profundo. Este estado de
inconsciencia prevalece en el primer período.
En el segundo período adquiere la conciencia del
sueño sin ensueños; en el tercero alcanza el estado de sueño con
ensueños, y a la mitad del cuarto período, al que hemos llegado
ahora nosotros se adquiere la plena conciencia de vigilia humana.
Esta conciencia pertenece únicamente a la más inferior de los siete
mundos. Durante el restante medio período actual y los tres períodos
completos subsiguientes el hombre debe expandir su conciencia hasta
comprender los seis mundos superiores a este Mundo Físico.
Cuando el hombre pasó a través de estos mundos en
su descenso, sus energías eran dirigidas por los Seres Superiores
que lo ayudaron a enviar la energía inconsciente hacia adentro para
construir los vehículos apropiados. Por último, cuando había
avanzado y equipándose suficientemente con su triple cuerpo,
instrumento necesario, entonces esos elevados seres "le abrieron los
ojos" y le hicieron dirigir su mirada hacia afuera, sobre la Región
Química del Mundo Físico, para que sus energías pudieran
conquistarla.
Cuando el hombre se haya preparado por su trabajo
en la Región Química, su próximo paso de progreso será la expansión
de su conciencia, hasta incluir la Región Etérica; después el Mundo
del Deseo, etcétera.
En terminología rosacruz, los nombres de los siete
períodos son los siguientes:
1. El Período de Saturno
2. El Período Solar
3. El Período Lunar
4. El Período Terrestre
5. El Período de Júpiter
6. El Período de Venus
7. El Período de Vulcano
Estos períodos son renacimientos sucesivos de
nuestra Tierra.
No debe creerse que los períodos arriba mencionados
tengan algo que ver con los planetas que giran alrededor del Sol
como nuestra Tierra. En realidad, nunca se repetirá lo suficiente
que no hay relación alguna entre esos planetas y los períodos
nombrados. Los períodos son simplemente las encarnaciones pasadas,
presentes y futuras de nuestra Tierra, "condiciones" a través de las
cuales ha pasado, está pasando y pasará en el futuro.
Los tres primeros períodos mencionados (de Saturno,
Solar y Lunar) pertenecen al pasado. Estamos actualmente en el
cuarto o período Terrestre. Cuando este período de nuestro globo se
haya completado, éste y nosotros pasaremos a las condiciones de
Júpiter, Venus y Vulcano antes de que el gran Día septenario de
Manifestación concluya, cuando todo lo que ahora es, se sumerja una
vez más en el Absoluto durante un período de descanso y asimilación
de los frutos de nuestra evolución, para reemergir nuevamente para
ulterior y más elevado desarrollo en la aurora de otro Gran Día.
Los tres períodos y medio ya pasados han sido
empleados en la adquisición de nuestros vehículos y conciencia
actual. Los tres períodos y medio restantes se dedicarán a
perfeccionar esas vehículos y a expansionar nuestra conciencia hasta
un punto equivalente a la omnisciencia.
El peregrinaje hecho por los espíritus virginales
desde la inconsciencia hasta la omnisciencia, desarrollando sus
posibilidades latentes en energías dinámicas, es un proceso de
maravillosa complejidad y únicamente damos, por ahora, un ligerísimo
bosquejo de él. Conforme progresemos en nuestro estudio se irán
añadiendo más detalles hasta que la descripción sea tan completa
como el autor es capaz de hacerla. Llamamos la atención del
estudiante para que se fije bien en las definiciones de los términos
que se emplean, porque estamos presentando ideas nuevas. Rogásmole,
simplificar el asunto, empleando únicamente nombres o palabras
simples y familiares para designar las mismas ideas en toda la obra.
Los nombres serán tan descriptivos de la idea encerrada como sea
posible, esperando poder así anular muchas de las confusiones que
las múltiples terminologías han producido. Dedicando estricta
atención a la definición de los términos, no será difícil, para las
personas de mediana inteligencia, el adquirir por lo menos un
conocimiento general, aunque no sea más que un bosquejo esquemático
de la evolución.
Que tal conocimiento es de la mayor importancia,
creemos que será reconocido por cualquier individuo inteligente.
Vivimos en este mundo regidos por las leyes de la Naturaleza. Bajo
esas leyes debemos vivir y trabajar, y no podemos modificarlas. Si
las conocemos y cooperamos inteligentemente con ellas, estas fuerzas
por ejemplo, la electricidad y el vapor. Si, por el contrario, no
las comprendemos y en nuestra ignorancia trabajamos contra ellas,
éstas se convertirán en nuestros más peligrosos enemigos, capaces de
destrucciones terribles.
Por lo tanto, cuanto más conozcamos los métodos de
trabajo de la Naturaleza, que en último término no es sino un
símbolo del invisible Dios, mejor podremos aprovecharnos de las
oportunidades y ventajas que se nos pueden ofrecer para nuestro
crecimiento y poder: Para la emancipación de todo límite y para la
elevación al dominio y poder. |