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MAX HEINDEL

 

ROSACRUZ

 

EL VINO COMO FACTOR DE LA EVOLUCIÓN 3º Parte

    

Todo esto fue preparatorio de la venida de Cristo, y es muy significativo el que su primer acto fue cambiar "el agua en vino" (San Juan II:11).

  Reservadamente Cristo enseñó el Renacimiento a sus discípulos. Y no solamente se lo enseñó con palabras, sino que se los llevó "a la montaña". Este es un término místico que significa un lugar de iniciación. En el curso de la iniciación los discípulos vieron por sí mismos que el Renacimiento era un hecho, porque entonces Elías apareció entre ellos, a quienes se les había dicho antes también que era también Juan el Bautista. Cristo ya se lo había dicho en términos inequívocos, cuando hablando de Juan el Bautista manifestó: "Mas os digo que ya vino Elías y no le conocieron; antes hicieron de él todo lo que quisieron". Y después de esto se dice que "los discípulos entonces entendieron que les hablaba de Juan el Bautista" (Mateo, XVII:12-13). En esta ocasión y también cuando Cristo y sus discípulos discutieron el Renacimiento. Él les dijo que algunos pensaban que Él era Elías, y otros, que era uno de los profetas que habían reencarnado. Y les ordenó que "no se lo dijeran a nadie" (Mateo, XVII:9; Lucas , IX:21). Esto debía debía ser durante miles de años una enseñanza esotérica, únicamente conocida por los pocos precursores de la raza que se habían preparado para ese conocimiento, elevándose hasta el estado de desarrollo en que esas verdades serán conocidas por el hombre nuevamente. Que Cristo enseñó el Renacimiento y también la ley de Consecuencia se evidencia claramente en el caso del hombre que había nacido ciego, cuando sus discípulos le preguntaron: "¿quién pecó, éste o sus padres, para que naciese ciego?" (San Juan, IX: 2.)

  Si Cristo no hubiese enseñado las leyes del Renacimiento y de Consecuencia, la respuesta hubiera sido naturalmente: "Es un absurdo, cómo pudo haber pecado un hombre antes de nacer, y cuyo pecado le hubiera producido como resultado la ceguera?" Pero Cristo no contestó en esa forma. Ni se sorprende por la pregunta, ni la trata como si fuera extemporánea, mostrando así que estaba en completa armonía con sus enseñanzas. Y explica: "Ni éste pecó, ni sus padres: sino para que las obras de Dios se manifiesten en él" (Juan , IX:3).

  La interpretación ortodoxa es que aquel hombre había nacido ciego para que Cristo hubiera podido tener una oportunidad de realizar un milagro mostrando su poder. Sería, en efecto, una manera muy rara para Dios el tratar de obtener gloria caprichosamente, condenando a un hombre a muchos años de ceguera y miseria para poder "mostrar" en el futuro su poder. Consideraríamos a un hombre que obrara en tal forma como un monstruo de crueldad.

  ¡Cuánto más lógico no es pensar que debe haber otra explicación! Imputar a Dios lo que en un ser humano calificaríamos con palabras muy duras, está completamente fuera de razón.

  Cristo distinguía entre la ceguera física del hombre en cuestión y del Dios interno en él, que es el Yo Superior.

  El cuerpo físico no había cometido pecado alguno. El Dios interno habría cometido algún acto que se manifestó después como ese sufrimiento especial. Y no es forzar la cuestión al llamar Dios a un hombre. San Pablo dijo: ¿No sabéis que sois Dioses?, y refiriéndose al cuerpo humano lo llamó el "templo de Dios", del espíritu interno.

  Finalmente, aunque la mayoría de la gente no recuerda sus vidas pasadas, hay algunos que las recuerdan, y todos pueden conocerlas si viven la vida necesaria para obtener ese conocimiento. Esto requiere una gran energía de carácter, porque tal conocimiento implicaría el conocer también el destino inminente que puede estar suspendido sobre nuestras cabezas, negro y siniestro, manifestándose como horrendo desastre. La Naturaleza ha ocultado graciosamente el pasado y el futuro, para no robarnos la paz de la mente impidiendo la pena anticipada de lo que tuviéramos por delante. Conforme vamos adquiriendo mayor desarrollo, aprendemos a dar la bienvenida a todas las cosas con ecuanimidad, viendo en todo dolor el resultado del mal pasado y sintiéndonos gozosos de haber pagado las obligaciones en que habíamos incurrido, sabiendo que nos queda menos por delante y que el día de la liberación de la rueda de nacimientos y muertes se acerca.

  Cuando una persona muere en la infancia de una vida, recuerda frecuentemente su vida en la próxima encarnación, porque los niños menores de catorce años no pasan por todo el ciclo completo de vida y por lo tanto no precisan un nuevo juego de vehículos completo. Simplemente pasan a las regiones superiores del Mundo del Deseo y allí esperan una nueva encarnación, la que generalmente tiene lugar dentro de los veinte años después de la muerte. Cuando renacen llevan consigo los antiguos cuerpos mental y de deseos, y si escucháramos la charla de los niños muy a menudo podríamos reconstruir y descubrir historias tales como la que sigue:

  Del libro Concepto rosacruz del comos por Max Heindel

03/05/2010 11:23 hs.

 
   
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