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En
los capítulos precedentes hemos considerado al hombre en sus
relaciones con los tres mundos que forman el campo de su evolución.
Hemos descrito parcialmente esos mundos y señalado los diferentes
vehículos de conciencia por medio de los cuales está correlacionado
a ellos. Hemos estudiado también su relación con los otros tres
reinos -- mineral, vegetal y animal -- indicando las diferencias de
sus vehículos y la consiguiente diferencia de conciencia entre el
hombre y cada uno de sus reinos. Hemos seguido al hombre a través de
todo un ciclo de vida en los tres mundos y examinado la operación de
las leyes de Consecuencia y Renacimiento en su acción sobre la
evolución humana.
Con objeto de poder comprender los demás detalles
del progreso humano, se hace ahora necesario que estudiemos su
relación con el Gran Arquitecto del Universo, con Dios, y con las
jerarquías de Seres Celestiales que están sobre los diferentes
peldaños de la escala de Jacob, escalera que va del hombre hasta
Dios y aún más allá de EL.
Esta es una tarea de la mayor dificultad, más aún
teniendo en cuenta las concepciones definidas que de Dios tiene la
mayoría de los lectores de literatura sobre este asunto. Es muy
cierto que los nombres en sí mismos no son importantes, pero sí
importa, y mucho, el que sepamos lo que queremos significar con un
nombre; de lo contrario, nos equivocaremos, y si los escritores e
instructores no se determinan a emplear una nomenclatura común, la
confusión actual al respecto se hará todavía peor. Cuando se emplea
el nombre de "Dios", casi siempre es dudoso si se quiere indicar al
Absoluto, la Existencia Una, o al Ser Supremo, que es el Gran
Arquitecto del Universo, o a Dios, que es el arquitecto de nuestro
Sistema Solar.
La división del Dios Supremo en "Padre", "Hijo" y
"Espíritu Santo" es también confusa. Aunque los seres designados por
esos nombres están inconmensurablemente más allá del hombre y
merecen toda la reverencia y adoración de que sea capaz de rendir a
la más elevada concepción de la Divinidad. Sin embargo, Ellos son
diferentes uno de otro.
Los diagramas 6 y 11 aclararán quizá más este
asunto. Débese recordar que los Mundos y Planos Cósmicos no están
unos arriba de los otros en el espacio, sino que los siete planos
cósmicos se interpenetran unos a otros e interpenetran a todos los
siete mundos. Son estados de espírtu-materia, compenetrándose unos a
otros; así que Dios y los otros Grandes Seres mencionados no están
muy lejos en el espacio. Ellos compenetran todas y cada una de las
partes de sus propios reinos y aún reinos de mayor densidad que la
suya propia. Ellos están todos presentes en nuestro mundo y están
actualmente y de hecho "más próximos a nosotros que nuestros pies y
manos", porque ninguno de nosotros puede existir fuera de esas
Grandes Inteligencias que interpenetran y sostienen nuestros mundos
con su Vida.
Ya se indicó que la Región Etérica se extiende más
allá de la atmósfera de nuestra Tierra densa; que el Mundo del Deseo
se extiende en el espacio más allá de la Región Etérica; y que el
Mundo del Pensamiento se extiende aún más en el espacio
interplanetario que los otros. Por supuesto, los mundos de sustancia
más sutil ocupan mayor espacio que los más densos, los que se han
cristalizado y condensado ocupando así menos espacio.
El mismo principio opera en los Planos Cósmicos. El
más denso de ellos es el séptimo (contando de arriba abajo). Está
representado en el diagrama como el más grande de todos, debido a
que con este plano es con el que estamos más relacionados y se
deseaba indicar sus principales subdivisiones. En realidad, sin
embargo, ocupa un espacio menor que el ocupado por cualquiera de los
otros planos cósmicos, si bien debemos, fijar en la mente que aún
con esa restricción es inconmensurablemente grande y vasto, mucho
más de lo que la mente humana puede concebir, comprendiendo en su
extensión millones de sistemas solares parecidos al nuestro, que son
los campos de evolución de muchos grados de seres que
aproximadamente se encuentran en nuestro propio estado.
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