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De los seis planos cósmicos superiores al nuestro no
sabemos nada. Se nos ha dicho que son el campo de actividad de
grandes Jerarquías de Seres de indescriptible esplendor.
Procediendo desde nuestro Mundo Físico hacia los
mundos internos más sutiles y a través de lo Planos Cósmicos,
encontramos que Dios, el Arquitecto de nuestro Sistema Solar, la
fuente y la meta de nuestra existencia, se encuentra en la más
elevada división del séptimo plano Cósmico. Este es Su Mundo.
Su reino incluye los sistemas de evolución que se
efectúan en los otros planetas que pertenecen a nuestro sistema:
Urano, Saturno, Júpiter, Marte, la Tierra, Venus, Mercurio y sus
satélites.
Las grandes Inteligencias Espirituales denominadas
Espíritus Planetarios, que guían estas evoluciones, se llaman "los
Siete Espíritus que se encuentran ante el Trono". Son Sus Ministros,
presidiendo cada uno un departamento del Reino de Dios, que es
nuestro Sistema Solar. El Sol es también el campo de evolución de
los más elevados Seres de nuestro Cosmos. Únicamente ellos pueden
soportar y progresar en aquellas tan terribles vibraciones solares.
El Sol es lo más próximo que tenemos como símbolo visible de Dios,
si bien no es más que un velo para aquel que está detrás. Lo que
Aquél es no puede decirse públicamente.
Cuando tratamos de descubrir el origen del
Arquitecto de nuestro Sistema Solar, encontramos que debemos pasar
al más elevado de los siete Planos Cósmicos. Estamos entonces en los
dominios del Ser Supremo, emanado del Absoluto.
El Absoluto está más allá de toda comprensión.
Ninguna expresión o símil de los que somos capaces de concebir,
puede expresar la verdadera idea. La manifestación implica
limitación. Por lo tanto, podemos caracterizar mejor al Absoluto
diciendo que es un Ser Ilimitado : La Raíz de toda Existencia.
De esta Raíz de la existencia - lo Absoluto --
procede el Ser Supremo, en la aurora de la manifestación. Este es EL
UNO.
En el primer capítulo de San Juan este gran ser es
llamado Dios. De este Ser Supremo emanó la palabra, el Fiat Creador
"sin el que no se hace nada", y esta Palabra es el bien amado Hijo,
nacido de su Padre (el Ser Supremo) antes que todo; pero
positivamente no es Cristo. Grande y Glorioso como es Cristo,
elevándose inmensamente sobre la mera naturaleza humana; no es ese
Gran Ser. Ciertamente "la Palabra se hizo carne", pero no en el
sentido limitado de la carne de un cuerpo, sino la carne de todo lo
que es, en éste y en millones de otros Sistemas Solares.
El primer aspecto de este Ser Supremo puede ser
caracterizado como Poder. De este procede el segundo aspecto, el
Verbo; y de éstos procede el tercer aspecto: Moción (movimiento).
De este Ser Supremo Triple proceden los siete
Grandes Logos. Estos contienen en sí mismos todas las grandes
Jerarquías que se diferencian más y más conforme van difundiéndose a
través de los varios Planos Cósmicos. (Véase el diagrama 6.) Hay
cuarenta y nueve Jerarquías en el Segundo Plano Cósmico; en el
tercero hay otras 343; cada una de estas puede tener divisiones y
subdivisiones septenarias, así que en el Plano Cósmico inferior, en
el que se manifiestan los Sistemas Solares, el número de divisiones
y subdivisiones es casi infinito.
En el Mundo más elevado del séptimo Plano Cósmico
está el Dios de nuestro sistema solar y los dioses de todos los
otros sistemas solares del Universo. Estos Grandes seres son también
triples en su manifestación, similarmente al Ser Supremo. Sus tres
aspectos son Voluntad, Sabiduría y Actividad.
Cada uno de los siete Espíritus Planetarios que
proceden de Dios y tienen a su cargo la evolución de la vida en cada
uno de los siete planetas es también triple y diferencian dentro de
sí mismos Jerarquías Creadoras que siguen una evolución septenaria.
La evolución producida por uno de los Espíritus Planetarios difiere
de los métodos de desarrollo empleados por cada uno de los otros.
Puede agregarse, además, que por lo menos en el
esquema planetario al que pertenecemos, las entidades más
desarrolladas en los primeros grados, que alcanzado un elevado grado
de perfección en evoluciones anteriores, asumen las funciones de los
Espíritus Planetarios originales y continúan la evolución,
retirándose el Espíritu Planetario original es y continúan la
evolución, retirándose el Espíritu Planetario original de toda
participación activa, dejándola al cuidado de sus Regentes.
Lo que sigue son las enseñanzas relativas a todos
los Sistemas Solares, pero referidas especialmente al Sistema
particular al que pertenecemos. Son las enseñanzas que todo
clarividente suficientemente desarrollado puede obtener por sí
mismo, mediante la investigación personal, en la memoria de la
Naturaleza. |