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Cuando
los Señores de la Llama y los Señores de la Sabiduría hubieron
reconstruido conjuntamente el cuerpo denso en germen, en la
Revolución de Saturno del Período Solar, los Señores de la
Sabiduría, en la segunda revolución, iniciaron el trabajo
correspondiente en realidad al Período Solar, irradiando de sus
propios cuerpos el germen del cuerpo vital, haciéndolo así capaz de
interpenetrar al cuerpo denso y dándole el germen y la capacidad
para ulterior crecimiento y propagación, excitando los centros de
los sentidos del cuerpo denso y obligándolo a moverse. En una
palabra, aquellos proporcionaron, en germen, al cuerpo vital, todas
las facultades que se están ahora desarrollando para convertirlo en
un instrumento flexible para uso del espíritu.
Esta
obra ocupó la segunda, tercera, cuarta y quinta revoluciones del
Período Solar. En la sexta revolución entraron en acción los
Querubines y despertaron el germen del segundo aspecto del triple
espíritu humano: El espíritu de vida. En la séptima y última
revolución, el recién despertado germen del espíritu de vida fue
ligado al espíritu divino germinal y éste siguió siendo manipulado
más ampliamente. Recordemos que en el Período de Saturno nuestra
conciencia era semejante a la del trance. Por medio de las
actividades desplegadas en el Período Solar, esa conciencia fue
gradualmente modificada, hasta convertirse análogamente a la
conciencia del sueño sin ensueños.
La
evolución en el Período Solar agregó a la constitución del hombre en
embrión el próximo superior y el próximo inferior de sus vehículos
actuales. Como resultado del Período de Saturno el hombre poseía un
cuerpo denso y un espíritu divino en germen. Al final del Período
Solar, poseía en germen el cuerpo denso, el cuerpo vital, el
espíritu divino y el espíritu de vida, es decir, un doble espíritu y
un doble cuerpo.
Debemos hacer notar también que, como la primera revolución, o de
Saturno, de cualquier período, está relacionada con el trabajo del
cuerpo denso (porque comenzó en una primera revolución), así
también, la segunda, o Revolución solar, de cualquier período está
relacionada con el mejoramiento del cuerpo vital, que comenzó en una
segunda revolución. De parecida manera, la sexta revolución de
cualquier período está dedicada a trabajar el espíritu de vida, y
cualquier séptima revolución está relacionada particularmente con
los asuntos concernientes al espíritu divino.
En el
Período de Saturno, el hombre en embrión atravesó una existencia de
un estado mineral. Esto es, tuvo un cuerpo denso solamente en el
sentido en que lo tiene el mineral. Su conciencia era también
parecida a la que tienen los minerales actuales.
De la
misma manera, y por razones análogas, puede decirse que, en el
Período Solar, el hombre atravesó la existencia vegetal. Tenía un
cuerpo denso y un cuerpo vital, como lo tienen las plantas, y su
conciencia, como la de éstas, era la del sueño sin ensueños. El
estudiante comprenderá plenamente esta analogía estudiando el
diagrama 4, que está en el capítulo titulado "Los Cuatro Reinos", en
el que se muestran esquemáticamente los vehículos de conciencia que
poseen los minerales, las plantas, los animales y el hombre, con la
conciencia particular que resulta de su posesión en cada caso.
Cuando
terminó el Período Solar hubo otra Noche Cósmica de asimilación
junto con la actividad subjetiva necesaria para la iniciación del
Período Lunar. Aquélla fue de igual duración que el período de
manifestación objetiva que la había precedido. |