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Como
con los Señores de la Sabiduría sucedió también con los Señores de
la Individualidad; si bien muy superiores al hombre, aquellos
trabajaron en y sobre éste para completar su propia evolución (la de
ellos). Y si bien eran capaces de obrar sobre el vehículo inferior,
no tenían poder alguno sobre el superior. No podían proporcionar el
impulso espiritual necesario para el despertar del tercer aspecto
del triple espíritu humano. Por lo tanto, otra clase de Seres que
estaban mucho más allá de la necesidad de manifestarse en una
evolución como la que estaba desarrollándose (y que también obraron
voluntaria y libremente, como los Señores de la Llama y los
Querubines), vinieron durante la quinta revolución del Período Lunar
para ayudar al hombre. A esos seres se les llama "Serafines". Ellos
fueron los que despertaron el germen del tercer aspecto del
espíritu: El espíritu humano.
En la
sexta revolución del Período Lunar reaparecieron los Querubines y
cooperaron con los Señores de la Individualidad, para eslabonar el
recién adquirido germen del espíritu humano, con el espíritu de
vida.
En la
séptima revolución del Período Lunar, los Señores de la Llama
vinieron nuevamente para ayudar al hombre, cooperando con los
Señores de la Individualidad para eslabonar el Espíritu Humano con
el Espíritu Divino. En esta forma, el Ego separado -el triple
espíritu- vino a la existencia.
Antes
del principio del Período de Saturno, los espíritus virginales, que
son actualmente hombres, estaban en el Mundo de los Espíritus
Virginales, y eran "Omniconscientes" como Dios, en Quien (no de
quien) se diferenciaron. Pero no estaban conscientes de sí mismos
sin embargo. La realización de esa facultad es parte del objeto de
la evolución que sumerge a los espíritus virginales en un océano de
materia gradual y creciente densidad, lo que momentáneamente los
priva de la omniconsciencia.
De
esta manera, en el Período de Saturno, los espíritus virginales
fueron sumergidos en el Mundo del Espíritu Divino y encerrados en la
sutilísima película de esa sustancia, la que penetraron parcialmente
por medio de la ayuda que prestaron los Señores de la Llama.
En el
Período Solar, los espíritus virginales fueron sumergidos en el más
denso Mundo del Espíritu de Vida, y quedaron más cegados aún para la
omniconsciencia, por el segundo velo con que quedaron envueltos por
la sustancia del Mundo del Espíritu de Vida. Sin embargo, con la
ayuda dada por los Querubines consiguieron penetrar parcialmente ese
segundo velo también. El sentimiento de Unidad con todo no se había
perdido todavía allí, porque el Mundo del Espíritu de Vida es un
mundo universal que interpenetra y es común a todos los planetas de
un Sistema Solar.
En el
Período Lunar, sin embargo, los espíritus virginales dieron un paso
más hacia la materia aún más densa de la Región del Pensamiento
Abstracto, y aquí se les agregó el más opaco de sus velos, el
espíritu humano. Desde entonces, los espíritus virginales perdieron
su omniconsciencia. Ya no pudieron penetrar sus velos, ni mirar
hacia afuera o percibir otros; así que se vieron forzados a dirigir
su conciencia hacia adentro, y allí encontraron a su yo como Ego,
separado y aparte de todos los demás.
En esa
forma los espíritus virginales se encontraron encerrados dentro de
un triple velo, siendo el velo externo del espíritu humano, el que
efectivamente cierra la conciencia al sentimiento de la Unidad de la
Vida y se convierte en un Ego, manteniendo la ilusión de la
separatividad obtenida durante la involución. La evolución irá
disolviendo gradualmente la ilusión, devolviéndoles la
omniconsciencia, y la conciencia de sí mismos será añadida.
Vemos,
pues, que al terminar el Período Lunar el hombre poseía un cuerpo
triple, en varios grados de desenvolvimiento, y también el germen de
un triple espíritu. Tenía los cuerpos denso, vital y de deseos, y
los espíritus divino, de vida y humano. Todo lo que le faltaba era
el eslabón que los uniera. |