|
Se
explicó ya que el hombre atravesó el estado mineral en el Período de
Saturno; a través del vegetal en el Período Solar y su peregrinaje a
través de las condiciones del Período Lunar corresponden a la fase
de existencia animal, por las mismas razones por las que aplicamos
los otros dos símiles. El hombre tenía entonces los cuerpos denso,
vital y de deseos, como los tienen los animales actuales, y su
conciencia era una conciencia pictórica interna, así como la tienen
los animales inferiores hoy en día. Dicha conciencia es parecida a
la del sueño como ensueños en el hombre, salvo que es perfectamente
racional, pues es dirigida por el Espíritu-Grupo de los animales.
Remitimos nuevamente al estudiante al diagrama 4 en el capítulo
sobre Los Cuatro Reinos, donde se muestra lo antedicho.
Esos
seres lunares ya no eran simplemente germinales, como en los
períodos anteriores. Ante el clarividente desarrollado aparecen como
suspendidos por cordones en la atmósfera de niebla ígnea, así como
el embrión cuelga de la placenta por el cordón umbilical. Las
corrientes (comunes a todos ellos) que suministraban cierta especie
de nutrición, fluían de y desde la atmósfera a través de esos
cordones. Esas corrientes eran, hasta cierto punto, parecidas en sus
funciones a la sangre actual. Si se aplica el nombre de "sangre" a
esas corrientes se emplea únicamente con objeto de sugerir una
analogía, porque los Seres del Período Lunar no poseían nada
semejante a nuestra actual sangre roja, que es una de las últimas
adquisiciones del hombre.
Hacia
el final del Período Lunar hubo una división en el globo que era el
campo de nuestra y de otra evolución, que, para mayor simplicidad,
no habíamos mencionado antes, pero sobre la que hablaremos ahora.
Parte
de ese gran globo fue tan cristalizada por el hombre, debido a su
incapacidad para conservar la parte que habitaba, en el elevado
grado de vibración sostenido por los demás seres de allí, y cuando
esa parte se hizo más inerte, la fuerza centrífuga del globo la
arrojó al espacio, donde comenzó a girar en torno de la
brillantísima porción ígnea central.
Las
razones espirituales que hubo para expulsar esas cristalizaciones
son las de que los más elevados seres de tal globo requerían para su
evolución las intensísimas vibraciones del fuego. La condensación
los limitaba y cohibía, aunque fuera necesario para la evolución de
otros y menos avanzados seres que necesitaban un grado de intensidad
vibratoria menor. Por lo tanto, cuando parte de un globo se
cristaliza por los esfuerzos de ciertos seres en detrimento de
otros, esa parte es expulsada, exactamente a la distancia necesaria
de la masa central, para que circule en torno a ésta como satélite.
Las vibraciones calóricas que llegan hasta éste son exactamente del
grado e intensidad necesarios para la evolución de los seres que se
encuentran en aquel satélite. Por supuesto, la ley de gravitación
explica perfectamente ese fenómeno desde el punto de vista físico.
Pero siempre hay una causa más profunda que proporciona o requiere
una explicación más completa, y que encontraremos si consideramos el
aspecto espiritual de todas las cosas. Así como toda acción física
no es más que la manifestación de un pensamiento invisible que debe
precederla, así también la expulsión de un planeta, de un Sol
central, no es más que el efecto visible y necesario de las
condiciones espirituales invisibles. |