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El
fundador de la Religión Cristiana emitió una máxima oculta cuando dijo:
"Cualquiera que no reciba el reino de Dios como un niño pequeño no
entrará en él". (San Mateo X:15). Todos los ocultistas reconocen la
inmensa importancia de esta enseñanza de Cristo y tratan de vivirla de
día en día.
Cuando
una filosofía nueva se presenta al mundo es acogida de diferente manera
por las diferentes personas.
Una
persona se apodera con avidez de cualquier nuevo esfuerzo filosófico
tratando de ver en qué proporción sostiene sus propias ideas. Para tal
persona la filosofía en si misma es de poca importancia. Tendrá valor si
vindica sus propias ideas. Si la obra satisface sus esperanzas en ese
respecto, la adoptará entusiastamente y se adherirá a ella con el más
irrazonable partidismo; si no, probablemente arrojará el libro con
disgusto, como si el autor le hubiera hecho una injuria personal.
Otro
adopta una actitud escéptica tan pronto como descubre que la obra
contiene algo de lo que él no había leído u oído hablar anteriormente o
sobre lo que aún no se le había ocurrido pensar. Y probablemente
rechazaría como extremadamente injustificable la acusación de que su
actitud mental es el pináculo de la satisfacción e intolerancia propias;
tal es el caso ,sin embargo, y de esa manera cierra su mente a toda
verdad que posiblemente puede estar contenida en lo que su mano rechaza.
Ambas
personas se mantienen en su propia luz. Sus ideas petrificadas las hacen
inasequibles a los rayos de la Verdad. Un "niño pequeño" es precisamente
lo opuesto de los grandes en ese respecto. No está imbuido por abrumador
sentimiento de superioridad, ni se siente inclinado a aparentar ser
sabio o a ocultar su ignorancia sobre cualquier asunto con una sonrisa o
burla. Es francamente ignorante, no tiene opiniones preconcebidas ni
prejuicios y es, por lo tanto, eminentemente enseñable o instruible.
Toma todo con esa hermosa actitud de confianza que hemos designado con
el nombre de "fe infantil", en la que no hay ni sombra de duda. Allí
conserva el niño las instrucciones o enseñanzas que recibe hasta que
comprueba su certeza o falsedad.
En las
escuelas ocultistas se enseña al discípulo a olvidar todo cuando se le
da una nueva enseñanza, no permitiendo el predominio ni del prejuicio ni
de la preferencia, conservando la mente en un estado de calma y digna
expectativa. Así como el escepticismo nos ciega a la verdad en la forma
más efectiva, así también esa calma, esa actitud confiada de la mente,
permitirá a la intuición o "sabiduría interna" el apoderarse de la
verdad contenida en la proposición. Esa es la única manera de cultiva
una percepción absolutamente cierta de la verdad.
No se
pide al discípulo que admita a priori que un objeto dado que ha
observado es blanco, sea realmente negro, ni tal afirmación se hace;
pero debe cultivar una actitud mental tal, que "admita todas las cosas"
como posibles. Esto le permitirá dejar de lado por el momento hasta lo
que se considera generalmente como un "hecho establecido" e investigar
si existe algún otro punto de vista desde el cual el objeto de
referencia pueda aparecer negro. Ciertamente, no se permitirá considerar
nada como un hecho establecido, porqué comprenderá perfectamente la
importancia de que hay que mantener la mente en el estado fluídico de
adaptabilidad que caracteriza al niño. Comprende con todas las fibras de
su ser que "ahora ve las cosas como a través de un cristal empañado" y
como Ayax, está siempre alerta, anhelando "Luz, más luz".
MAX
HEINDEL
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