®Inicio | Quiénes Somos? Contáctenos  

Inicio | Santerías | Dietéticas | Info - TerapiasPrácticas | Gacetillas y Talleres | Boletín Semanal | Terapeutas | Comercios | Ayuda | Contáctenos

Nosotros los que hacemos "Armonizando Rosario", nos sentimos orgullosos de poder brindarle este servicio. - 

 

Tendrás todas las semanas Información en tu correo

 suscribir
 dar de baja
 

   
Armonizando Rosario > Gotas de amor para el Alma

 

TYLER: cuarenta y dos años; ejecutivo; divorciado, sin hijos

  Yo solía bromear cuando aún estábamos juntos y decir a la gente que la primera vez que vi a Nancy mi corazón latía con tanta fuerza que yo no podía contener el aliento. Era verdad: ella era enfermera y trabajaba para la firma en que estoy empleado, y yo estaba en su consultorio para un examen de rutina de mi sistema respiratorio, por eso mi corazón latía así y mi respiración estaba agitada. Me había enviado mi superior porque había engordado mucho y también porque había tenido unos dolores en el pecho. De hecho, estaba en pésimas condiciones. Mi esposa me había dejado un año y medio atrás por otro hombre, y si bien en casos así los hombres van a los bares por las noches, yo me quedaba en casa, mirando televisión y comiendo.

Siempre me había gustado comer. Mi esposa y yo jugábamos mucho tenis y creo que eso se encargaba de las calorías cuando estábamos juntos, pero cuando ella se fue, jugar al tenis me deprimía. Diablos, todo me deprimía. Aquel día en el consultorio de Nancy supe que había aumentado veintinueve kilos y medio en dieciocho meses. Nunca me había preocupado por pesarme, aunque había pasado por varios talles de ropa. Simplemente no me importaba.

Al principio Nancy se mostró muy profesional; me dijo lo grave que era ese aumento de peso y lo que tendría que hacer para adelgazar, pero yo me sentía como un viejo y en realidad no quería esforzarme por cambiar.

Creo que simplemente sentía pena por mí mismo. Incluso mi ex, cuando me veía, me reprendía diciendo: "¿Cómo puedes abandonarte así?" Yo tenía cierta esperanza de que ella volviera para salvarme, pero no lo hizo.

Nancy me preguntó si algún acontecimiento había precipitado mi aumento de peso. Cuando le conté sobre el divorcio ella dejó de ser tan profesional y me palmeó la mano con compasión. Recuerdo que me emocionó un poco que hiciera eso, y que fue especial porque hacía mucho tiempo que yo no sentía mucho por nadie. Me aconsejó una dieta, me dio montones de folletos y me dijo que regresara cada dos semanas para que ella pudiera ver cómo me iba. Yo no veía la hora de volver. Las dos semanas pasaron y yo no había hecho la dieta ni había perdido nada de peso, pero sí había ganado la compasión de Nancy. En mi segunda consulta pasamos todo el tiempo hablando sobre la forma en que me había afectado el divorcio. Ella me escuchó y me instó a hacer lo que todos dicen que hay que hacer: asistir a clases, ingresar a un club de salud, hacer un viaje en grupo, desarrollar nuevos intereses. Yo accedí a todo, no hice nada y esperé otras dos semanas para volver a verla. En esa tercera consulta la invité a salir. Yo sabía que estaba muy gordo y mi aspecto dejaba mucho que desear, y en realidad no sé de dónde saqué el coraje, pero lo hice, y ella aceptó. Cuando pasé a buscarla el sábado por la noche ella tenía más folletos, junto con artículos sobre dietas, el corazón, ejercicios y el sufrimiento emocional. Hacía mucho tiempo que no me prestaban tanta atención. 

Comenzamos a salir y muy pronto tomamos nuestra relación con seriedad. Yo pensaba que Nancy haría desaparecer todo mi dolor. Ella lo intentó mucho, tengo que admitirlo. Incluso dejé mi apartamento y me mudé al de ella. Se esforzaba por cocinar alimentos de bajo colesterol y controlaba todo lo que comía. Incluso me preparaba almuerzos para llevar al trabajo. Si bien yo no comía nada parecido a lo que había estado consumiendo todas esas noches, solo frente al televisor, tampoco bajaba de peso. Simplemente me mantenía igual, ni más gordo ni más delgado. En realidad, Nancy se esforzaba mucho más que yo por hacerme perder peso. Ambos actuábamos como si el a proyecto fuera de ella, como si mi mejoría fuera su responsabilidad.

De hecho, creo que tengo un metabolismo que requiere ejercicios extenuantes para quemar calorías con eficiencia, y yo no hacía mucho ejercicio. Nancy jugaba al golf y yo jugaba un poco con ella, pero no era mi deporte.

Después de estar juntos unos ocho meses, hice un viaje de negocios a Evanston, mi ciudad natal. Por supuesto, después de dos días allí me encontré con un par de amigos de la escuela secundaria. Yo no quería ver a nadie con el aspecto que tenía, pero esos tipos eran viejos amigos y teníamos mucho que hablar. Se sorprendieron cuando les conté sobre mi divorcio. Mi esposa era de la misma ciudad. Bueno, me convencieron para jugar un set de tenis. Los dos jugaban, y sabían que era mi juego preferido desde la secundaria. Yo pensé que no duraría un solo game y se lo dije, pero insistieron.

Me sentí muy bien al volver a jugar. Si bien los kilos de más me hacían más lento y perdí todos los juegos, les dije que volvería al año siguiente para darles una paliza.

Cuando llegué a casa Nancy me dijo que había asistido a un estupendo seminario sobre nutrición y quería que yo probara todo lo que había aprendido. Le dije que no, que por un tiempo lo haría a mi modo.

Ahora bien, Nancy y yo nunca habíamos peleado. Claro que ella rezongaba mucho por mí y constantemente me decía que me cuidara mejor, pero cuando volví a jugar al tenis comenzamos a discutir. Yo jugaba al mediodía para no ocupar el tiempo que pasábamos juntos, pero nunca volvimos a estar como antes.

Nancy es una muchacha atractiva, unos ocho años menor que yo, y una vez que empecé a estar más en forma pensé que nos llevaríamos mejor que nunca porque ella estaría orgullosa de mí. Dios sabe que me sentía mejor conmigo mismo. Pero las cosas no funcionaron así. Ella se quejaba de que yo ya no era el mismo y finalmente me pidió que me mudara. Para entonces yo pesaba sólo tres kilos más que antes del divorcio. Realmente me costó mucho dejarla. Tenía la esperanza de que a la larga nos casaríamos. Pero cuando adelgacé, ella estaba en lo cierto: las cosas ya no eran iguales entre nosotros.
Fuente : Women Who Love Too Much by Robin Norwood

19/04/2010

   
Historias Librerías 
Música Vida Sana 
Enseñanzas El Agua
Experiencias Predictivas
Cocina Natural Oportunidades
Guía  de Empleo Otras Web
Eventos  Eventos Gratis
Rumores Bélicos Niños Índigos
Noticias Rápidas Contaminación
Prog. de Radio Farmacias
Folcklore C. Comercial
  

PUBLICIDAD

 
Notas de Interés
 
 
 
 
 
Inicio | Quiénes Somos? | Contáctenos  Optimizado para 1024x860 © Copyright 2004 " ARMONIZANDO ROSARIO" ®
   webmaster@armonizandorosario.com.ar El contenido de esta web esta disponible bajo los siguientes términos CC 2.5 BY-NC-SA