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¿Por qué a las
mujeres nos atrae tan profundamente la idea de convertir a
alguien infeliz, enfermo o peor en nuestra pareja perfecta?
¿Por qué es un concepto tan atractivo, tan perdurable?
Para algunos, la
respuesta parecería obvia: la ética judeo-cristiana encarna
el concepto de ayudar a aquellos que son menos afortunados
que nosotros. Nos enseñan que es nuestro deber responder con
compasión y generosidad cuando alguien tiene un problema. No
juzgar sino ayudar: ésa parece ser nuestra obligación moral.
Lamentablemente,
estos motivos virtuosos de ninguna manera explican por
completo el comportamiento de millones de mujeres que eligen
como pareja a hombres que son crueles, indiferentes,
abusivos, emocionalmente inaccesibles, adictos, o incapaces
por alguna otra razón de ser cariñosos y de interesarse por
ellas. Las mujeres que aman demasiado hacen esas elecciones
impulsadas por una necesidad de controlar a quienes están
más cerca de ellas. Esa necesidad de controlar a otros se
origina en la niñez, durante la cual se experimentan muchas
emociones abrumadoras: miedo, furia, insoportable tensión,
culpa, vergüenza, pena por otros y por uno mismo. Una niña
que creciera en un ambiente así sería afectada por esas
emociones hasta el punto de ser incapaz de funcionar a menos
que desarrollara formas de protegerse. Siempre, sus
herramientas de autoprotección incluyen un poderoso
mecanismo de defensa, la negación, y una igualmente
poderosa motivación subconsciente, el control. Todos
empleamos inconscientemente mecanismos de defensa tales como
la negación a lo largo de nuestra vida, a veces por
cuestiones bastante triviales y otras veces por asuntos y
acontecimientos importantes. De otro modo, tendríamos que
enfrentar hechos acerca de quiénes somos y lo que pensamos y
sentimos que no concuerdan con nuestra imagen idealizada de
nosotros mismos y de nuestras circunstancias. El mecanismo
de negación resulta especialmente útil para ignorar
información con la que no queremos tratar. Por ejemplo, el
no advertir (negar) cuánto está creciendo un hijo puede ser
una manera de evitar sentimientos relacionados con el
abandono del hogar por parte de ese hijo. O el no ver ni
sentir (negar) el aumento de peso que se refleja tanto en el
espejo como en la ropa ajustada puede permitir que sigamos
deleitándonos con nuestras comidas favoritas.
Se puede definir
a la negación como el hecho de rehusarse a admitir la
realidad en dos niveles: en el nivel de lo que está
sucediendo en realidad, y en el nivel de los sentimientos.
Examinemos la forma en que la negación ayuda a preparar a
una niñita para crecer y convertirse en una mujer que ama
demasiado. Cuando niña puede, por ejemplo, tener un
progenitor que rara vez esté en casa por las noches debido a
aventuras extramatrimoniales. Al decirse ella misma, o al
decirle otros miembros de la familia, que ese progenitor
está "trabajando", ella niega que haya problemas entre sus
padres o que esté sucediendo algo anormal. Eso evita que
sienta miedo por la estabilidad de su familia y por su
propio bienestar. Además, ella se dice que ese progenitor
está trabajando mucho, lo cual despierta compasión en lugar
de la ira y la vergüenza que sentiría si enfrentara la
realidad. De esa manera, niega tanto la realidad como sus
sentimientos con respecto a esa realidad, y crea una
fantasía con la que le resulta más fácil vivir. Con la
práctica, adquiere mucha habilidad para protegerse del dolor
en esa forma, pero al mismo tiempo pierde la capacidad de
elegir libremente lo que hace. Su negación obra en forma
automática, involuntaria.
En una familia
disfuncional siempre hay una negación compartida de
la realidad. Por serios que sean los problemas, la familia
no se vuelve disfuncional a menos que se produzca la
negación. Más aun, si algún miembro de la familia intentara
librarse de esa negación, por ejemplo describiendo la
situación familiar en términos precisos, el resto de la
familia se resistiría con fuerza a esa percepción. A menudo
se utiliza el ridículo para poner a esa persona en su lugar,
o, si eso fallara, el miembro renegado de la familia es
excluido del círculo de aceptación, afecto y actividad,
Nadie que
utilice el mecanismo de defensa de la negación hace una
elección consciente de excluir la realidad, de usar
anteojeras a fin de dejar de registrar con precisión lo que
dicen y hacen los demás, como nadie en quien opere la
negación decide dejar de sentir sus propias
emociones. Simplemente "sucede" a medida que el yo, en su
lucha por proporcionar protección contra los miedos, las
cargas y los conflictos abrumadores, cancela la información
que resulta demasiado problemática.
Es posible que
una niña cuyos padres pelean con frecuencia invite a una
amiga a pasar la noche en su casa. Durante la visita de su
amiga, ambas niñas despiertan por la noche debido a las
fuertes discusiones de los padres. La visitante susurra:
"Oye, qué ruidosos son tus padres. ¿Por qué gritan así?"
La hija,
avergonzada, que ha permanecido despierta durante muchas de
esas peleas, responde vagamente: "No lo sé", y luego
permanece allí, angustiada e incómoda, mientras los gritos
continúan. La pequeña invitada no tiene idea de por qué su
amiga comienza a evitarla de allí en adelante.
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