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En este
documental australiano,
llamado Vaccination - The Hidden Truth y
realizado en 1998, se pone en cuestionamiento un “hito”
en la medicina ortodoxa: La Vacunación.
http://www.armonizandorosario.com.ar/video/2009/abril/vacunas_matan.htm
La Dra.
Viera
Scheibner
(investigadora PhD) junto a cinco médicos y otros
investigadores, revelan lo que realmente ha pasado y
está pasando en relación con las enfermedades y las
vacunas.
En él, además de descubrir esta relación directa,
también desnudan la forma de como los gobiernos, en
complicidad con investigadores médicos a sueldo de los
grandes laboratorios, han falseado datos y estadísticas,
donde únicamente sobresaltan los “beneficios” de la
vacunación masiva y su “noble” propósito.
Mientras ocultan sus verdaderos y desastrosos efectos, a
lo largo de toda su historia, sobre la salud de las
personas y hasta de animales inyectados.
Vacunas contra una determinada enfermedad que son las
causantes de otras. Metales pesados y sumamente tóxicos
para el organismo humano, como ingredientes y
conservantes, existen en todas las vacunas.

Como es lógico, ante un tema tan manipulado desde los
medios de información, hasta de la boca de los propios
médicos y la industria farmacéutica, la ortodoxa y
conservadora vacunación masiva es presentada como
“milagrosa” o “mágica”, donde nuestra salud y la de
nuestros hijos no corren “ningún riesgo”.
Y de aparecer uno o varios casos con ciertos efectos
secundarios severos por las vacunas, inmediatamente son
relacionados a cualquier otro factor, menos al verdadero
causante.
Se ha comprobado científicamente, que los efectos de
las vacunas pueden causar:
·
Muerte
·
Daño al sistema inmunológico
·
Enfermedades
·
Daño a la reproducción
·
Y un larguísimo etcétera.
Actualmente existe una desmesurada propaganda
pro-vacunación. Uds. Lo habrán notado en los medios de (des)información
La Vacunación
Una agresión a la especie
Antivariólica (Variolea Vaccínea)
El nacimiento del fraude
Fuente:
Libre Vacunación
En mayo de 1796, Edward Jenner, en base a la
“superstición que existía entre las mujeres lecheras de
Gloucestershire, según la cual toda persona que hubiera
tenido viruela de la vaca jamás padecería viruela”,
inoculó a un niño llamado James Phillips con la
linfa de una pústula de viruela de la vaca, hallada en
la mano de una ordeñadora.
“Fue sobre la base de este único experimento que Jenner
lanzó su descubrimiento al mundo, afirmando que la
viruela de la vaca era un profiláctico contra la
viruela, y para dar un tono científico a su anuncio
denominó a la viruela de la vaca con el nombre de
“Variolae Vaccinae” (viruela de la vaca)… parecería poco
creíble la idea de que en todas de facultades de médicos
y cirujanos se hayan tragado la teoría presentada por un
boticario de campo sin título, en base a un experimento
de escasa seriedad”
Sin embargo, existía una muy buena razón que explicaba
el apuro de los médicos por aferrarse a un mito
infundado y prodigar elogios, crédito y dinero - 30.000
libras que a fines del siglo XVIII significaban una gran
fortuna - al emprendedor Jenner.
Los
casos de viruela “que sí ocurrieron se dieron casi
siempre en personas no vacunadas”.
Anteriormente la Facultad Real de Medicina había
declarado, en un intento por proteger su inoculación de
la crítica extranjera, que:
“cuenta con la mayor estima de los ingleses quienes la
practican entre ellos de manera más extensiva que antes…
la facultad la considera altamente saludable para la
raza humana.”
Sin embargo, en 1838 surgió una nueva violenta epidemia
de viruela a causa de la inoculación, las autoridades
habían finalmente visto suficiente; la práctica fue
prohibida bajo amenaza de prisión en el año 1840. Esto
hirió el orgullo y redujo la valiosa fuente de ingresos
de los médicos; situación que deseaban revertir lo más
pronto posible.
El anuncio de Jenner les dio la oportunidad.
“Las autoridades médicas que habían solemnemente
recomendado a la inoculación como beneficiosa habían
sido obligadas a admitir que la misma estaba difundiendo
la viruela e incrementando los casos de muertes.
Los médicos estaban, por consiguiente, contentos de dar
la bienvenida a lo que supuestamente era un proceso no
infeccioso por el cual tanto se había bregado… desde esa
época el gobierno protegió a la vacunación de
cuestionamientos y críticas. No se consideraron los
fracasos y se aceptaron las estadísticas confusas”.
Nada cambia.
La vacuna contra la viruela se obtiene rasurando el
vientre de los terneros y luego realizando largos cortes
en la piel, donde se frotan los cultivos de viruela.
Comienza la fiebre y las heridas empiezan a supurar; se
forman escaras encima de la reserva de veneno, a la vez
que se impide al animal enfermo e inmovilizado lamer la
herida para aliviar el intenso sufrimiento. Después de
seis días el ternero es atado a una mesa de operaciones,
se sujetan las vesículas y se raspa la mezcla de piel,
carne, pus, sangre y pelo, se la mezcla, tamiza y se la
coloca en recipientes.
Después de inyectarse esta poción en la piel de los
niños de la nación fue que comenzó la epidemia de
viruela más grande jamás conocida en el Reino Unido: con
un pico de 42.000 muertes en 1871/2 solamente.
La línea en el gráfico de muertes por viruela, podría
haber desaparecido hacia 1870, permanecía en el mismo
lugar en la década de 1920, dado que el aislamiento
finalmente derrotó a la plaga creada por la propia
medicina.
Después del fiasco inducido por la vacuna, en la ciudad
de Leicester se rechazó la vacunación y decidió confiar
en la higiene y la sanidad.
En
1892/3 Leicester tenía 19,3 casos de viruela cada 10.000
habitantes, Warrington - con 99,2% vacunados - tenía
123,3 casos. El índice de mortalidad de Warrington era
más de 8 veces superior al de Leicester. (Wallace: The
Wonderful Century, 1898)
Dewsbury
también rechazó la vacunación y, junto con Leicester
tuvieron las tasas de mortalidad más bajas del país.
“Recuerdo a Sheffield y su epidemia de 1887/8. No menos
del 98 por ciento de la población había sido vacunada…
los vacunadores públicos nuevamente habían conseguido
una cosecha mucho mayor en bonificaciones por el “éxito
de vacunación” que los de cualquier otra ciudad y aún
contaban con 7.000 casos de viruela que se originaba y
persistía en un área insalubre de 175 acres con
sumideros de desagües conocida como The Croft.
La profesión médica inútilmente llamaba a “vacunar”
y “re-vacunar”, como si el publico no hubiera tenido ya
suficiente. Finalmente, las compuertas del cielo se
abrieron piadosamente y las copiosas lluvias lograron lo
que 56.000 vacunas no habían conseguido…
Recuerdo el caso de un hombre adulto que entrevisté… Él
había sido vacunado en la infancia, tuvo viruela a los
ocho años y fue posteriormente re-vacunado tres veces.
El hombre murió a causa de la viruela… cuando se publicó
el informe oficial… dado que tenía una erupción tan
seria que le cubría las marcas de la vacunación, se lo
declaró “no vacunado”.
En 1903 Estados Unidos tomó las Filipinas e instauró una
dictadura militar:
“Lo primero que hizo el régimen americano fue poner en
marcha una campaña de vacunación para todo el país. Los
filipinos habían sido hasta ese entonces un pueblo
saludable que tenía una vida simple, feliz en las selvas
tropicales con aire puro, aguas limpias, y alimentos
naturales… la viruela era prácticamente desconocida…
“Ellos no querían vacunarse, pero fueron rodeados… y
transportados a los centros de vacunación donde se les
administraron las inyecciones de veneno… la primera gran
epidemia fue en 1905… una epidemia continua… hasta 1923
cuando el General Woods comenzó a eliminar las denuncias
haciendo creer que finalmente había conquistado a la
viruela y terminado con el flagelo…”
“En las remotas islas… los Filipinos tenían más
posibilidades de esconderse… en las ciudades la epidemia
alcanzó el punto de máximo desastre.
Después de 15 años de vacunación intensiva se
registraron 47.000 casos y 16.000 muertes sólo en 1918.
La viruela no fue el único efecto de la campaña de
vacunación:
… en 1918/20 la malaria mató a 93.000 habitantes, la
gripe a 91.000, la tuberculosis a 80.000… disentería,
cólera y fiebre tifoidea juntas… 70.000 habitantes.”
Como beneficio adicional:
”No había habido un solo caso de lepra en toda la isla
de Hawaii antes de que llegara la noble tarea de Jenner.
Para la década del noventa, 10 por ciento de los nativos
eran leprosos."
Para testear la efectividad de la inmunidad natural
versus la vacunación, el personal no vacunado de la
clínica naturopática Kingston de Edinburgh invitó a seis
médicos a permanecer con ellos en una unidad de
aislamiento con viruela.
Los médicos hicieron bien en no aceptar el desafío.
Índices
de mortalidad por viruela - por millón - Inglaterra y
Gales
Los promotores de la vacunación no tienen problema con
este gráfico.
El “gráfico no dice nada salvo que hubo una epidemia de
viruela en 1870/71″.
Dr. W.F. Bynum del Wellcome Institute para
la (versión Wellcome de la) Historia de la
Medicina: Fenner
et al “La viruela y su erradicación” 1988
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